sábado, 25 de junio de 2016

BENDITOS BARES

En mi pueblo, que es un pueblo pequeño, ha habido siempre pocos bares de copas, porque la gente se iba de fiesta a los pueblos vecinos, mucho más grandes y con mucho más ambiente, así que la mayoría de la gente de mi pueblo que salía de marcha iba siempre a dos bares en concreto.

Los dos son muy grandes, y estuvieron muy de moda durante los últimos 30 años. Se enriquecieron mucho durante esas tres décadas a base de repetir sus fórmulas, requetesabidas hasta la saciedad.
Uno de ellos, el más grande, no solo ponía continuamente música latina de esa que hace vomitar a tus neuronas, si no que además, servía garrafón y te cobraba mucho más de lo debido por las copas, pero por alguna extraña razón, era el que más tirón tenía.
El otro ponía música de mierda también, no servía garrafón pero aguaba los cubatas, y los cobraba bastante caros también.
Iba por temporadas. Eran los dos bares de moda, y unas veces se llenaba más uno, y otras veces el otro, pero eran prácticamente hegemónicos. Cualquiera que intentara abrir un bar de copas, por más esfuerzo e ilusión que le pusiera, fracasaba estrepitosamente, pues en este país siempre hemos sido muy de seguir las modas, y aquellos dos bares tenían copado todo el mercado nocturno de mi pueblo.

Hace unos años, abrieron un par de bares chiquititos, que poco a poco se hicieron un pequeño hueco en la noche de mi pueblo.
Uno de ellos vio cómo funcionaban los grandes, y se decidió a copiar la fórmula que ellos usaban para triunfar también, y como el dueño tonto no era, copió la del más grande. Empezó a servir garrafón y a pinchar la misma música latina que tanto triunfaba en el mismo local, solo que sonaba distinta porque su equipo de música era mejor y más moderno, así que empezó a atraer a la gente, creyendo que era una alternativa a los dos bares de siempre, porque daba una imagen de muchísima más modernidad, ya que su decoración era nueva, pero si lo mirabas más atentamente, ofrecía exactamente lo mismo que el otro local.

El otro decidió apostar por algo nuevo, algo que realmente necesitaba la gente del pueblo, una alternativa real para los que estaban hartos de escuchar siempre la misma música. Empezó a poner rock, y a servir las copas como Dios manda, sin aguar y sin ser garrafón.
Los demás dueños de bares le tildaron de loco. Le decían que era imposible ganar dinero así, que la gente quería música comercial y que perdería dinero si no amañaba un poco las copas, pero el dueño de este local estaba convencido de que con honradez y calidad podría sacar adelante el local.

Con la crisis la gente se dio cuenta de que no podía seguir pagando las copas al precio que la servían los dos locales históricamente más grandes y empezaron a ir a los dos locales nuevos.
El dueño del primero de los dos locales nuevos, que era ambicioso y avaricioso decidió asociarse con el más pequeño de los dos grandes, y juntaron los locales para, entre los dos, tener el local más grande del pueblo, y así hacerse con la mayor fortuna de los bares de noche de mi pueblo.

El dueño del bar de rock siguió trabajando duró, con honradez y limpieza y poco a poco empezó a notar un crecimiento en su negocio, hasta el punto que compró el local de al lado, un antiguo bar de copas, también de rock, que no pasaba por su mejor momento pero que también había mantenido su misma filosofía durante toda la vida.

Entre los dos empezaron a crecer y a atraer gente, y a llenar cada vez más el local, hasta el punto de que tuvieron que abrir más locales y ampliar el local original varias veces.

Los otros tres dueños de bares empezaron a ver cómo sus negocios mermaban en favor del otrora pequeño local de rock, y empezaron a difundir bulos (que no limpiaban los vasos, que tenían cucarachas en el almacén...) para intentar desprestigiar a los dos socios del local de rock, pues veían sus negocios en peligro.

Moraleja: Trabajar duro y con honradez te lleva lejos, pero desatará el miedo y la envidia en tus competidores.

Por supuesto, no estoy hablando de bares.

Que cada cual saque sus conclusiones.

miércoles, 15 de junio de 2016

SOLO ESO

Escoger el camino sin conocer el camino, sin preguntarte qué te ofrecerían los demás, y preguntarte al final: "¿Qué me queda?".

Lo que soy. Lo que siempre fui.

Una canción de Ringo. Un Tour brillante de Poulidor. Una expedición espacial de Collins.

El capitán Scott.

Un sin fin de casis. Un eterno fracaso. Un sentimiento de soledad interna, que nada, ni la más profunda felicidad puede llenar.

El "We are the champions" al revés.

Un puñado de letras que jamás encontrarán lector, ni ojos que se posen en ellas aunque sea de paso.

Un cuadro policromático a ojos de un daltónico.

La esencia del eterno fracaso.

Y ese eterno levantarse, una y otra vez después de cada caída. Ese tosco y lento, pero firme caminar que te conduzca por los insondables senderos de la realidad. Ese tropiezo-suelo-tropiezo como cadencia impasible e irrefrenable como lo único que has conocido a lo largo y ancho de tu vida. El golpetear de un metrónomo que oriente tu posición: "Tac" pie izquierdo "tac" pie derecho "tac" pie izquierdo otra vez, como única forma de seguir en pie.

Y sobre todo, ese no ser feliz aun teniéndolo todo para serlo.

Aun siéndolo.

Y la rabia como forma de vida. Como fuente de vida.
Saber que lo único que queda es apretar los dientes y seguir adelante.

Y no rendirse por no darles el gozo a aquellos que lo disfrutarían.

Solo eso.

Perdón.



miércoles, 8 de junio de 2016

CARTA ABIERTA A LOS HATERS DE LA RED

Queridos haters,

no me importa cuál sea vuestra idiosincrasia, pues ya sabemos que tipos de haters hay muchos (los de postureo, porque mola ser malote; los indignados con la vida, porque si no se odia algo, no se siente uno vivo; los ofendiditos, porque cualquier chiste es susceptible de generar un odio hacia quien lo cuenta...), pero, sinceramente, ¿no tenéis nada mejor que hacer?

Hay gente que entramos a la(s) red(es) a desconectar de la vida cotidiana, que bastante llena de problemas y complicaciones está ya de por sí, y lo último que necesitamos es tener a un moscón detrás, recordándonos lo patéticos que somos, el ridículo que hacemos y lo indeseables que somos. ¿No tenéis vida propia para meteros en ella?

Que soy patético y hago el ridículo YA LO SÉ. Precisamente para eso tengo mi cuenta de tuiter. Para hacer el ridículo tanto cuanto me plazca, pues al fin y al cabo, para eso la uso. Para soltar todas las tontadas que me pasan por la cabeza. Para tratar de hacer sonreír a todo aquel/aquella que tenga dos dedos de frente y no se ofenda por cualquier chiste que se meta con su equipo/tierra/ideología/credo/loquesea...

Pero lo que jamás vais a conseguir que sienta es que soy un indeseable. Mucho más indeseable es aquel/aquella que, escondiéndose tras el anonimato de un avatar, de un comentario en un blog o de una cuenta impersonal se dedica a faltar al respeto a cualquiera que no comparta su opinión o su forma de ver las cosas, o simplemente, odiando al creador del chiste/opinión/whatever simplemente porque le han dicho de él barbaridades.

Para odiar a alguien, hay que conocerlo primero. Y, queridos haters, ninguno de los que me tenéis bloqueado sin haber cruzado una palabra jamás conmigo, ninguno de los que rajáis tropelías de mí, ninguno de los que vais acusando de noséqué/quéséyo tenéis la más puta idea de cómo soy, quién soy ni qué me gusta o me disgusta, así que no pretendáis que me ofenda por comentarios de gente que nunca ha pintado ni pintará nada en mi vida.

Que si necesitáis que os limpien vuestro culo escocidito, pedídselo a mamá, que yo no tengo tiempo que perder con prepúberes enfadaditos.

Con cariño,

Aitor Sorginak.