viernes, 30 de septiembre de 2016

EL TUITERO PERFECTO

Yo siempre he soñado con ser el tuitero perfecto, pero claro, eso es imposible.

Es imposible debido a mis limitaciones, claro.

No se puede ser el tuitero perfecto sin estar la mitad de bueno que @Borja_Killjoy. Sin tener la simpatía y el buen rollo que transmiten @soymartuky o @eskycuriosa. Sin tener esa facilidad para contar las cosas de una forma tronchante que tiene @elmalosa o sin la desgarradora verdad de @Zarem9. No se puede ser el tuitero perfecto si no se es tan cariñoso y atento como lo es @francorrales, ni sin la amabilidad y generosidad de @IstarCollado. No se puede.

Para ser el tuitero perfecto habría que tener el arte dibujando de @Salvatwitts o de @JPinthor, o la capacidad de hacer montajes imposibles de @__tuan__. Habría que hacer de lo corriente algo maravilloso como hace @subiendoelpan. Tener la cercanía y la constancia de @moniescat y esa apariencia de ser incapaz de hacer nada mal que tiene @fortweetos. O la sensualidad de @MaryanCM o @sarahgosamasqtu. O la capacidad de hacer reír solo con cambiar de avatar de @jreyeslopez.

El tuitero perfecto tendría que tener la virtud de ser un artista del vídeo del @Sr_Kal_El y la combatividad y ganas de vivir de @OscarJim3nez. La simplicidad y campechanía de @El_Conde_Chico y la potestad de hacer juegos de palabras imposibles de @CineJavi, @EresMuyGracioso o @AzulWorow. O incluso tener una firma propia, como los "Besitos" de @CarlaBotb.

Es inviable ser un tuitero perfecto sin la capacidad de ser buen amigo de @javimoya77 o @CosasDeGabri. Sin ser capaz de contar historias humanas y hacerlas propias como hace @anaruize. Sin la absurdez de @lazonadsantutxu o sin esa forma de ser tonto, pero muy tonto, siendo inteligentes, de @Onde_va_iyo o @donarfonzo (que debe de ser genético).

No. No puedes ser el tuitero perfecto si no eres tan directo y claro como @Propensa_ o @soloparatuitear. O sin compartir de una manera tan currada los tuits de los demás como hace @Raspatuit. Sin la virtud de crear humor de cualquier situación de @PajaritaStory. Sin la rapidez mental y frikismo de @ACraich. Y sin el espíritu dialogante de @Retuinterias.

Y es que es imposible aspirar a ser el tuitero perfecto si no muestras ese interés y esa forma de aparecer siempre en el mejor momento que tienen @Lah_Banks o @BegotxuBoo. Para serlo necesitas la espontaneidad que le proporcionan sus taras a @EddaRagnarok, y las absurdas pero rebuscadas memeces de @LaCasaDePeter o @Ezequiel__P.

Obvio que me gustaría ser el tuitero perfecto, pero carezco del humor negro de @raquelsastrecom o las punzadas de realidad de @SenoritaPuri. Y carezco también de la llaneza de @ABCalmaestra.

Pero bueno, aun sin serlo, todavía nos permiten tener una cuenta en tuiter.

Que no es poco.

martes, 27 de septiembre de 2016

PINCELADAS

Soy un disfuncional mental.

Dicen que tengo gracia, pero creo que alguien que tiene gracia puede ser gracioso constantemente, yo necesito pensar y repensar para soltar algún chiste medio en condiciones. Y no, no soy simpático. No soy en absoluto simpático. La gente que me conoce sabe que soy borde y desagradable, pero dicen que tengo un no sé qué que qué sé yo que hace que se me coja cariño. Quizá sean mis firmes convicciones y mi descarnada sinceridad.

Me gusta más un cubalibre de ron que a un tonto una presidencia del gobierno, y así me luce el pelo.

Soy vasco, concretamente bilbaíno, de lo cual podéis deducir que meriendo niños, pongo bombas en los coches y disfruto pegando tiros en la nuca a la gente. Y que odio a España, por eso vivo en Almería, después de haber pasado 8 años viviendo en Madrid, capital del estado opresor, y en la que conservo a mis mejores amigos.

Soy rojo, ateo y republicano. Y del Athletic. Muy del Athletic, oiga. Soy más del Athletic que las porterías de San Mamés.

Me gusta comer bien, beber mucho (bien o mal, lo decide la situación) y dormir más aún, aunque debido a mis actuales circunstancias de vida, lo practico menos de lo que quisiera. Me gusta más la noche que el día, la piscina que la playa, y, si de mí dependiera, me iría a vivir a la montaña, lejos de la humanidad, lejos de la gente, que es lo que hace que la vida dé más asco del que debería.

Tengo fe ciega en el amor, dudo de la amistad sincera y creo profundamente en la conveniencia, que es lo que une a las personas. Soy misántropo, sociópata y antisocial, pero me caéis bien, qué cojones.

Tengo más de lo que necesito para vivir, pero menos de lo que quisiera tener, aunque eso creo que es una condición sine qua non del ser humano.

Soy vago, muy vago. Pero no un vago corriente, de los que no les apetece hacer nada por no cansarse. No. Yo soy un vago auténtico, y para eso hay que valer. No todo el mundo es capaz de estar horas y horas sin hacer absolutamente nada productivo. Yo puedo. Pero, por desgracia, aún no pagan por ello, así que no soy practicante.

Soy un gilipollas de manual.

Tengo muy claro lo que me gusta, pero tengo más claro aún lo que no me gusta. No sé muy bien lo que quiero, pero sí lo que no quiero. Y mi lema en la vida lo heredé de mi abuelo: "Paso corto, vista larga y mala leche". Y en ello baso toda mi filosofía.

Odio por deporte. Odio por diversión. Odio porque me gusta odiar. Odio a cualquier persona que me cruce en la vida, y para todas ellas tengo un motivo plausible, si bien no racional, sí justificable desde mi desquiciada visión de la vida. Hay dos maneras de hacer las cosas: mal, o a mi manera. Y si tu manera no coincide con la mía, pensaré que la estás cagando.

Soy un puto tarado, pero paráos a pensar cómo debéis estar vosotros, que a pesar de todo esto, me leéis.

Soy muchas más cosas, pero esas hay que esforzarse en conocerlas, en descubrirlas.

Y eso, amigos, no se lo permito a cualquiera.


sábado, 24 de septiembre de 2016

POR PALABRAS (3)

Resulta extraño caminar por la vida observando a tu alrededor.

Que sí, que debería ser lo normal, ir fijándose en los pequeños detalles, pero nos hemos convertido en una sociedad individualista en la que poco o nada nos interesa nuestro entorno, si no nos afecta directamente, que deberíamos prestar más atención a cuanto nos rodea, pero eso se ha vuelto ajeno a nuestra propia esencia.

Y no solo eso. Es extraño lo que podemos llegar a ver si nos fijamos bien. Desde una perspectiva cuerda, en la que pretendamos entender lo que los demás hacen. Cualquier parecido con lo que a nosotros, desde nuestro individualismo, pudiera parecernos coherente, es un villarato en toda regla, una imposición que se aleja de lo serio para aposentarse en el interés de unos pocos.

Y seguimos caminando, buscando tal vez esa serendipia que nos alegre el día, la semana o la existencia. Un vencejo volando a ras de las nubes, tan casual como llamativo, que nos luxe el esternocleidomastoideo solo en la intención de seguir su trayectoria. Cachivaches accidentales que provocan tropezones y desencuentros, estorbos y obstáculos que nos conducen a no saber, a no creer, a no indagar más, pues la realidad sigue siendo algo extraño, algo que nuestras entendederas no alcanzan a desencriptar, aunque la forcemos con el desatascador del razocinio. Como un ornitorrinco, con su pico de pato, sus patas de tortuga, su caparazón y su cola de vaya usted a saber qué. Un conjunto de cosas que no deberían estar juntas pero que, de alguna extraña manera, encajan y hacen que todo funcione.

Y al final, lo único que nos queda es desintoxicar nuestra mente de vicios adquiridos, de normalidades, y tratar de comprender qué está sucediendo, por qué las cosas han de ser así. Por qué no pueden ser de otro modo. Por qué no comprendemos que cosas así ocurran.

Peleamos con todas nuestras fuerzas, tratando de creer que tiene que ser un error, que estamos percibiendo las cosas de manera errónea, que no todo puede ir tan mal. Nos empeñamos en que el mundo debería ser de otra manera, de una forma en la que pudiese resultarnos comprensible. Pero no, por más que soñemos una realidad perfecta, al final acabamos por rendirnos a la verdad objetiva.

No sirve de nada lamentarse. Es un hecho.

Pablo Alborán vuelve a los escenarios.

Y eso amigos, aparte de incomprensible e insalubre, es la realidad, por más que nos empeñemos en luchar para creer lo contrario.

lunes, 5 de septiembre de 2016

LA MÁQUINA DE HACER DINERO

Os voy a pedir un ejercicio de imaginación: Quiero que visualicéis a Joe Cocker con la peor resaca de su vida haciendo un dueto con Leonard Cohen con amigdalitis, cantando a voz en cuello "LO DEJARÍA TODO PORQUE TE QUEDARAAAAS".

La imagen es aterradora, dantesca, pero el sonido, ¡ay amigos!, el sonido trasciende los límites de lo humanamente soportable.

Y no es tan difícil de imaginar, realmente. Basta que acudáis cualquier noche, a altas horas, al mejor negocio del mundo:

LOS KARAOKES.

Y no lo califico de "el mejor negocio del mundo" por lo amenos o atractivos que sean (que oye, bien mirado, pocos sitios hay mejores para echarte unas buenas risas ante tantos y tantos recortes de "La Voz", "Operación Triunfo", "Tú sí que vales" o "Factor X", o cualquiera de esas mandangas televisivas) si no porque entre los que van allí a exhibir sus grandes dotes de canto, pero claro, "hasta que no voy un poquitín achispado, no me suelto" (no, hijo de puta, para cantar eso y de ese modo no hay que ir achispado, hay que ser un cabrón insensible con los tímpanos ajenos) y los que estoicamente sufrimos sus aberraciones cacofónicas, la venta de alcohol se dispara a calibres inimaginables en cualquier otra situación carente de tortura. Porque si hay que beber para soltarse a cantar, hay que beber el triple para soportarlo sin abrirte las venas a lo largo.

Ergo, la ecuación es fácil. Por cada copa que se bebe el que va a cantar, el que tiene que oírlo se tiene que deglutir tres, así que:

4 copas por canción. 5€ por copa = 20€ por canción.
4 minutos por canción = 15 canciones por hora.
15 canciones x 20€ = 300€ por hora.

¿Rentable o no?

Además, no requiere ninguna gran inversión, ya que la canción más moderna que suele cantarse en estos antros es el "Cadillac Solitario" del inefable Loquillo, de hace unos 30 años, así que no hace falta actualizarse continuamente.

De hecho, creo que con tener tres o cuatro temas de Raphael, el Dúo Dinámico, Julio Iglesias y Nino Bravo, puedes echar a andar un negocio de este tipo con la más absoluta tranquilidad.

Señores, bienvenidos a la máquina de hacer dinero.

sábado, 3 de septiembre de 2016

MANUALIDADES

Hay una subespecie humana que últimamente me tiene preocupado, y que además se deja ver bastante por las redes sociales.

He estado observándoos. He estado observando las fotos que subís a Facebook, Twitter e Instagram. He estado analizando todo ello y he visto cosas que no alcanzo a comprender. Cosas que carecen de explicación lógica. Pero, como ya dijera Jack el destripador, vayamos por partes.

Comprendo que la gente tiene mucho tiempo libre y que cada cual puede emplearlo como quiera. Y no, esta vez no voy a meterme con los "runners" (que oye, si queréis correr sin tener prisa y sin que nadie os persiga, me parece respetable, aunque no lo comparta) ni con los youtubers (aunque conozco formas menos humillantes de dar pie a vuestra creatividad).

Y no quiero culparos a vosotros. Quiero creer que alguien os ha hecho creer que lo que hacéis, mola. Que se os da bien. Quiero creer que hay algún hijo de su santísima madre que, con el único afán de partirse el ojete a costa vuestra, ha promovido y alentado vuestro hobby. Porque otra explicación no me cabe.

Hablo de esa gente que hace manualidades. Sí, amigos, manualidades como las que hacíamos en 4º de E.G.B. o incluso antes. Cuadros con macarrones. Collarcitos con piedrecitas de la playa. Macetas usando el culo de una botella de agua mineral de dos litros (o de litro y medio, si la planta que van a contener es más pequeña). Lámparas con vasos de plástico pegados entre sí. Montones de mierda que ni siquiera un enfermo de síndrome de Diógenes acumularía en su casa. O, como los llamaba Buenafuente, "pongos" (porque la pregunta inmediatamente posterior a recibir un regalo de ese tipo es "¿Esto dónde lo pongo"?).

Y no hablo de la gente que hace bricolaje, que he visto trabajos que harían palidecer de envidia al barbas de "Bricomanía", no. Hablo de la gente que sube una foto de su último "trabajo" y no sabes a ciencia cierta si la foto es de algo que han hecho ellos, o sus hijos de 4 años. Me los imagino dándole al botón de "Publicar foto" con una cara de satisfacción que parece que acaben de terminar de restaurar la Capilla Sixtina. Henchidos de gozo. Satisfechos. Y nosotros, el resto de mortales sin taras mentales ni actitud de cinco años pensamos ("Pero... PERO. ¿QUÉ MIERDA ES ESA? ¿De verdad se cree que vale la pena compartir ESO?")

Y lo peor no es esa autosatisfacción del que publica la foto, que al fin y al cabo es un engañado más. Lo peor es la gente que comenta ese post con frases del tipo: "Hala, qué chulo te ha quedado" o "Me tienes que decir cómo se hace, que yo también quiero hacerlo", donde realmente quieren decir "¿Qué es? No, en serio, ¿QUÉ COÑO ES?" o "Te tengo que pasar el número de un terapeuta que cura las regresiones a la infancia".

Sé que el convenio social obliga a no reírse de cosas que a otros les ha costado un esfuerzo, pero por favor, no lo alentéis. Simplemente ignoradlo. Por el bien de todos.

Y si os regalan algo de ese tipo, simplemente poned vuestra mejor cara, y buscad el punto de reciclaje más cercano.

Ayúdanos. Ayúdales.

viernes, 2 de septiembre de 2016

EGOS, IMPRESCINDIBILIDADES Y OTRAS PATRAÑAS

Como ya dije en la primera entrada de este blog, vamos a hablar del contenido social de Twitter...

Twitter, amigos, es una red social. SOCIAL. Lo que implica relacionarse con gente, interactuar, dar y recibir, concepto que a muchos/as se les olvida en cuanto empiezan a sentirse importantes, a alcanzar un número elevado de seguidores, a creerse más que los demás, pero, ¿os habéis parado a pensar en lo que sucedería si todos esos tuitstars que te miran por encima del hombro dejasen de tuitear?

Exacto: NADA.

Seguiríamos cada uno con su cuenta, publicando sus cosas, compartiendo lo que le gusta, y no se pararía el mundo, ni se acabaría la diversión. Podríamos seguir con nuestras vidas, perdiéndonos sus brillantes ocurrencias, que aunque muchos lo crean, no son tan necesarias como el oxígeno para vivir.

Más se perdió cuando fallecieron Eugenio, o Gila. Más se perdió cuando perdimos a Miguel de Cervantes o Camilo José Cela, y esos SÍ tenían talento. Talento de verdad. No eran importantes por hacer cuatro chistes y poner un par de reflexiones en una red social. Hicieron grandes trabajos que se recordarán por siempre.

Sé, porque lo he vivido en mis propias carnes, que siempre hace ilusión que te siga ese tuitero con muchísimos seguidores al que admiras, con el que te ríes, pero, al final, ¿de qué sirve que te siga si no va a leerte? Y, en el caso de que te lea, si nunca retuitea un tuit tuyo, ¿qué quiere decir? ¿Que no eres lo suficientemente bueno para aparecer en su TL? ¿Que ninguno de tus tuits es bastante ingenioso como para que él lo comparta? Al final, es un arma de doble filo: Por un lado, hace ilusión que ese gran tuitero te siga, pero por otra parte, desmoraliza bastante pensar que no eres digno de ser retuiteado por él.

Estamos creando "famosillos" de pegote. Como ya dijera El Mula en su día, "Ser famoso en tuiter es como ser el alcalde de Palencia. Que está muy bien, pero fuera de allí no te conoce ni Dios".

¿Qué sería de los tuitstar sin su legión de palmeros, que les retuitean hasta los buenos días? ¿Que sería de ellos si toda la gente a la que ignoran les diese unfollow? ¿Tanto cuesta ser amable, educado? Su ego se lo impide. Son demasiado buenos para nosotros.

Pero que no se equivoque nadie. NADIE es imprescindible. Si un tuitstar cierra su cuenta, ya habrá otro millón de cuentas que nos hagan reír, porque, por suerte, el talento en tuiter, el ingenio, es algo que abunda.

No caigáis en la trampa de bailarle el agua a quien no siente la más mínima consideración por vosotros.

No alimentemos más egos.