Nací a finales de la década de los 70. En 1978 concretamente.
Eso quiere decir varias cosas: una, que tengo 38 años a día de hoy (aquí podéis comprobar mi dominio de las restas con llevadas en particular y de las matemáticas en general). La segunda, que conocí cosas que a día de hoy son verdaderas antiguallas, como la TV en blanco y negro, el walkman, el CinExin, la carta de ajuste o los políticos honrados (bueno, vale, esto nunca ha existido, pero por lo menos antes no era tan evidente). Y la tercera, y más importante de todas, que me estoy haciendo viejo.
Y me estoy haciendo viejo porque ya no sabría cómo actuar si volviese a tener 16 años. Sinceramente, no sé si es que últimamente los tiempos van demasiado deprisa o mi capacidad de adaptación se ha vuelto excesivamente lenta. Ha habido tantos cambios en tan poco tiempo que si tuviera que volver a la adolescencia preferiría morirme que pasar por ese trago. Y no es por volver a no tener independencia económica, no es por tener que volver a obedecer a mis padres, no. Voy a explicarme.
Como decía hace pocos días en tuiter, creo que el tema del feminismo se nos está yendo de las manos. Es cierto que a lo largo de la historia las mujeres han recibido un trato vejatorio, que han sido menospreciadas e infravaloradas. Es cierto que, por más avances que haya habido, sigue sin haber igualdad en muchos aspectos, pero por citar uno, diré por ejemplo en el ámbito laboral, donde la mujer está menos valorada y peor pagada que el hombre, so pena de poder ser despedida por el mero hecho de quedarse embarazada.
También está lo de la violencia de género, pero es un tema que me produce tanto asco y rabia que prefiero ni mencionar siquiera.
Pero bueno, a lo que íbamos. Si bien es cierto que la mujer ha estado cultural e históricamente por debajo del hombre, yo siempre he sido un defensor de la igualdad. Todos los seres humanos somos iguales, independientemente de nuestro sexo, credo, color de piel, ideología política o lugar de procedencia. Y cuando digo que el tema del feminismo se nos está yendo de las manos, lo digo porque hemos cruzado una delgada línea que no debíamos haber cruzado. Las mujeres (algunas, ojo) han cogido por su mano la lucha por la igualdad y la han convertido en una cruzada estúpida en la que lo importante no es tener los mismos derechos, si no machacar al sexo opuesto, utilizando como arma cada palabra que se les dice, cada hecho que acontece. Me he cansado de leer cosas sobre micromachismos (he llegado a leer que "que un hombre te invite a un café sin conocerte de nada es machismo"), sobre lenguaje igualitario (que está bien quejarse porque los términos genéricos sean en masculino, aunque me parezca excesivo, pero de ahí a querer normalizar el uso de palabras como "compañeres" o "amigues" va un trecho), o sobre actitudes ante la vida.
Por eso doy gracias al cielo (y no hablo de un cielo religioso, si no de todo aquello que está sobre nuestras cabezas) por haber nacido a finales de los 70. Porque si para mí (no sé si para todos, pero para mí lo era) ya era difícil ligar en aquella época, imaginaos ahora en un mundo en el que por decirle a una mujer "qué guapa eres" o "¿quieres quedar para ir al cine?" te pueden acusar de machista, falócrata y heteropatriarcal.
Sinceramente, no envidio la suerte de los adolescentes de hoy en día, pues si bien gozan de más libertades en algunos aspectos, en otros están sembrando un camino a la perdición.
miércoles, 28 de diciembre de 2016
viernes, 2 de diciembre de 2016
ALGO ES ALGO
Antes de empezar a leer esto, quiero comprobar vuestra capacitación mental para ello. Es decir, si tenéis una tara mental similar a la mía, para que os resulte comprensible.
Vamos a hacer un ejercicio muy simple. Se trata de completar unas frases:
"Luke Skywalker entrenó duro para ser un caballero ..."
"Obi Wan quiso entrenar a Anakin, pero su propuesta fue rechazada por el consejo ..."
"Yoda completó la instrucción del joven Luke, enseñándole todos los secretos de los poderes ..."
"El retorno del ..."
¿Habéis contestado YEDAY en todas? No, ¿verdad? En la última habéis contestado YEDI. Y lo sabéis.
Eso os hace lo suficientemente tarados como para seguir leyendo. Es decir, al menos tan tarados como yo.
Os voy a contar entonces una historia basada en un hecho absolutamente falso que me acabo de inventar, como diría el Zarathustra.
Desde muy pequeño supe que no valía para estudiar. Lo supe, porque cada vez que mis padres iban a hablar con los profesores y les preguntaban: "¿Qué tal va Aitor en clase?", ellos respondían: "Es talento".
Mis padres volvían a casa orgullosos, pensando que yo iba a ser un auténtico artista, pero no habían comprendido que lo que realmente querían decir mis tutores es: "Está lento."
Así que pasé mi infancia y mi adolescencia viviendo en una mentira. Bueno, yo no, mis padres, que creían que yo iba a ser el nuevo Einstein. Pobrecicos. Mirad para lo que he quedado.
De joven comprendí que quería ganarme la vida con algo en lo que se trabajara poco y se ganara mucho. Así que me decanté por la música. (DECANTAR-MÚSICA, ¿lo pilláis? Bueno, da igual). Y como tengo las manos como un catálogo de pollas, comprendí que ni el piano ni la guitarra iban a ser lo mío. Así que decidí probar con la flauta dulce (menudo hijo de puta mentiroso el que le puso el nombre. Yo pensaba que iba a ser todo disfrute y nada más ponérmela en la boca descubrí que solo sabía a plástico, que de dulce nada).
Mi profesora era una mujer corriente, tan corriente que venía todos los días peinada como si hubiera metido los dedos en el enchufe. Solía llevar pamela y rebeca, y no, no eran sus hermanas, eran prendas que le daban la apariencia de haber salido de una película de Almodóvar. Siempre con esas faldas plisadas, plisadas por un camión y esos zapatos de ante. De ante de la guerra, supongo.
Pero nos trataba con cariño, para lo inútiles que éramos. George Lucas estuvo a punto de contratarnos, por nuestro espectacular sonido, para doblar a un coro de Wookies.
Fueron pasando los años, y me di cuenta de que la música tampoco iba a ser lo mío, así que tuve que replantearme mi vida. ¿Cómo trabajar poco y ganar mucho? Pensé en meterme a youtuber, pero me di cuenta de que aún me quedaba un mínimo de dignidad, así que abrí una cuenta en tuiter. "Hay gente que gana dinero con tuiter", me decían, "solo hay que escribir mongoladas que le gusten a la gente". Y yo pensé "mongoladas. Eso se me tiene que dar bien." Pero qué va, tampoco. Para triunfar en tuiter hay que, además de escribir mongoladas, caerle bien a la gente, y yo de la única manera que caigo bien, es desde un edificio alto. Tres dieces y dos nueves la última vez.
Así que abrí este blog, y nada, que tampoco me gano la vida, pero al menos, me estoy ahorrando una pasta en psiquiatras que te cagas. Y todo gracias a vosotros, queridos lectores.
Que ganar, no gano nada, pero tampoco gasto, y oiga, algo es algo.
Vamos a hacer un ejercicio muy simple. Se trata de completar unas frases:
"Luke Skywalker entrenó duro para ser un caballero ..."
"Obi Wan quiso entrenar a Anakin, pero su propuesta fue rechazada por el consejo ..."
"Yoda completó la instrucción del joven Luke, enseñándole todos los secretos de los poderes ..."
"El retorno del ..."
¿Habéis contestado YEDAY en todas? No, ¿verdad? En la última habéis contestado YEDI. Y lo sabéis.
Eso os hace lo suficientemente tarados como para seguir leyendo. Es decir, al menos tan tarados como yo.
Os voy a contar entonces una historia basada en un hecho absolutamente falso que me acabo de inventar, como diría el Zarathustra.
Desde muy pequeño supe que no valía para estudiar. Lo supe, porque cada vez que mis padres iban a hablar con los profesores y les preguntaban: "¿Qué tal va Aitor en clase?", ellos respondían: "Es talento".
Mis padres volvían a casa orgullosos, pensando que yo iba a ser un auténtico artista, pero no habían comprendido que lo que realmente querían decir mis tutores es: "Está lento."
Así que pasé mi infancia y mi adolescencia viviendo en una mentira. Bueno, yo no, mis padres, que creían que yo iba a ser el nuevo Einstein. Pobrecicos. Mirad para lo que he quedado.
De joven comprendí que quería ganarme la vida con algo en lo que se trabajara poco y se ganara mucho. Así que me decanté por la música. (DECANTAR-MÚSICA, ¿lo pilláis? Bueno, da igual). Y como tengo las manos como un catálogo de pollas, comprendí que ni el piano ni la guitarra iban a ser lo mío. Así que decidí probar con la flauta dulce (menudo hijo de puta mentiroso el que le puso el nombre. Yo pensaba que iba a ser todo disfrute y nada más ponérmela en la boca descubrí que solo sabía a plástico, que de dulce nada).
Mi profesora era una mujer corriente, tan corriente que venía todos los días peinada como si hubiera metido los dedos en el enchufe. Solía llevar pamela y rebeca, y no, no eran sus hermanas, eran prendas que le daban la apariencia de haber salido de una película de Almodóvar. Siempre con esas faldas plisadas, plisadas por un camión y esos zapatos de ante. De ante de la guerra, supongo.
Pero nos trataba con cariño, para lo inútiles que éramos. George Lucas estuvo a punto de contratarnos, por nuestro espectacular sonido, para doblar a un coro de Wookies.
Fueron pasando los años, y me di cuenta de que la música tampoco iba a ser lo mío, así que tuve que replantearme mi vida. ¿Cómo trabajar poco y ganar mucho? Pensé en meterme a youtuber, pero me di cuenta de que aún me quedaba un mínimo de dignidad, así que abrí una cuenta en tuiter. "Hay gente que gana dinero con tuiter", me decían, "solo hay que escribir mongoladas que le gusten a la gente". Y yo pensé "mongoladas. Eso se me tiene que dar bien." Pero qué va, tampoco. Para triunfar en tuiter hay que, además de escribir mongoladas, caerle bien a la gente, y yo de la única manera que caigo bien, es desde un edificio alto. Tres dieces y dos nueves la última vez.
Así que abrí este blog, y nada, que tampoco me gano la vida, pero al menos, me estoy ahorrando una pasta en psiquiatras que te cagas. Y todo gracias a vosotros, queridos lectores.
Que ganar, no gano nada, pero tampoco gasto, y oiga, algo es algo.
martes, 15 de noviembre de 2016
VIVIR A LA SOMBRA DE GAME
Para los que me conozcáis, sobran las aclaraciones. Para los que no, deciros que hace 9 meses emprendí la aventura de montar una tienda de videojuegos, y hasta hoy, sobrevivo con ello.
Pero me ha servido para aprender. Y mucho.
Para aprender que, en este mundillo, está todo corrompido y en manos de las grandes cadenas (como Game, que es la que voy a usar como referencia por cercanía y por fama) que son las que mueven el mercado a su antojo, jugando a sus anchas con los precios y con el stock. Y para fundamentar esta argumentación, utilizaré varios ejemplos.
El primero, por reciente, el de la Mini NES. Para aquellos que no estéis puestos en el mundo del videojuego, deciros que hace 3 días, Nintendo lanzó al mercado la llamada "mini NES", que no es más que una reproducción de la Nintendo Entertainment System original, la primera consola de 8 bits que conoció el mercado, solo que en un tamaño reducido, y con los juegos más famosos de la franquicia preinstalados en la memoria del sistema. De todas las unidades que Nintendo lanzó para España, Game, dado su poder adquisitivo y su trato preferencial por parte de los fabricantes, adquirió un 90% de las unidades que se pusieron a la venta, haciendo casi imposible la adquisición de alguna unidad por parte de los pequeños comercios como el mío. De hecho, solo pude adquirir UNA. UNA, señores.
Por otro lado, el abusivo control que tienen sobre los precios de mercado de los juegos. Ellos manejan a su merced el PVP de los juegos, haciendo que los pequeños establecimientos tengamos que bailar al son que ellos marcan, y que hace que los juegos nuevos a estrenar sean un producto prácticamente inasequible para nosotros. Quiero decir, a precio de distribuidora, y con los precios en los que se mueve Game, el margen de beneficio que deja un juego nuevo a una empresa pequeña es de, a lo sumo, 5€por unidad, cuando el PVP de dicho juego ronda los 70€. Supongo que al comprar ellos miles de unidades para distribuir por todos sus locales, el beneficio será más amplio. Este escaso margen de beneficio hace que dedicarse a la venta de producto nuevo sea prácticamente inviable para cualquier tienda, ya que habría que vender miles de unidades al mes para cubrir gastos, cosa inviable para una pequeña tienda de barrio.
Y respecto al trato preferencial de los fabricantes hacia Game, solo hay que ver cómo muchas Ediciones Limitadas, Ediciones de Coleccionista y demás objetos difíciles de conseguir, son exclusivos de Game. ¿Qué quiere decir esto? Que muchos clientes con afán de hacerse con una edición especial de algún juego, se ven forzados a ir a Game porque es el único sitio donde conseguir aquello que buscan. Entiendo que los fabricantes hagan un trato preferencial a quien más gasto les hace, pero no por ello han de machacar a los pequeños empresarios que tratamos de salir adelante.
Es por ello que al final, la única solución viable es dedicarse a la compra-venta de artículos de segunda mano, que, en definitiva, es lo único que deja un margen de beneficio relativamente razonable, y que es en lo único que cojea Game, ya que utilizan ese sector de mercado para deshacerse de todo aquello a lo que no le encuentran otra salida (FIFAs viejos, juegos de karaoke repetidísimos etc.), haciendo gala de un catálogo muy corto en seminuevos (lo dicho, juegos que nadie quiere, y cientos de copias de los mismos, sin apenas margen para comprar de segunda mano nada que no sea lo que ellos quieren soltar. Si no me creéis, intentad comprar un GTA V seminuevo en Game...). Y aun así, son ellos los que imponen los precios de los juegos de segunda mano también, aunque no dispongan de ellos. Si entras en su web y buscas cualquier juego, verás que trae el precio de "seminuevo", pero que en la mayoría de ellos figura como "agotado".
Ese, amigos, es el funcionamiento de la indistria del videojuego en España.
Pero no, no estoy hablando solo de videojuegos. Mucho me temo (y solo me temo, porque no conozco otros mercados) que en el resto de comercios sucede igual.
Vivir a la sombra de Game. Y de Zara. Y de Media Markt. Y de Mercadona. Del capital.
Vivir a la sombra.
Pero me ha servido para aprender. Y mucho.
Para aprender que, en este mundillo, está todo corrompido y en manos de las grandes cadenas (como Game, que es la que voy a usar como referencia por cercanía y por fama) que son las que mueven el mercado a su antojo, jugando a sus anchas con los precios y con el stock. Y para fundamentar esta argumentación, utilizaré varios ejemplos.
El primero, por reciente, el de la Mini NES. Para aquellos que no estéis puestos en el mundo del videojuego, deciros que hace 3 días, Nintendo lanzó al mercado la llamada "mini NES", que no es más que una reproducción de la Nintendo Entertainment System original, la primera consola de 8 bits que conoció el mercado, solo que en un tamaño reducido, y con los juegos más famosos de la franquicia preinstalados en la memoria del sistema. De todas las unidades que Nintendo lanzó para España, Game, dado su poder adquisitivo y su trato preferencial por parte de los fabricantes, adquirió un 90% de las unidades que se pusieron a la venta, haciendo casi imposible la adquisición de alguna unidad por parte de los pequeños comercios como el mío. De hecho, solo pude adquirir UNA. UNA, señores.
Por otro lado, el abusivo control que tienen sobre los precios de mercado de los juegos. Ellos manejan a su merced el PVP de los juegos, haciendo que los pequeños establecimientos tengamos que bailar al son que ellos marcan, y que hace que los juegos nuevos a estrenar sean un producto prácticamente inasequible para nosotros. Quiero decir, a precio de distribuidora, y con los precios en los que se mueve Game, el margen de beneficio que deja un juego nuevo a una empresa pequeña es de, a lo sumo, 5€por unidad, cuando el PVP de dicho juego ronda los 70€. Supongo que al comprar ellos miles de unidades para distribuir por todos sus locales, el beneficio será más amplio. Este escaso margen de beneficio hace que dedicarse a la venta de producto nuevo sea prácticamente inviable para cualquier tienda, ya que habría que vender miles de unidades al mes para cubrir gastos, cosa inviable para una pequeña tienda de barrio.
Y respecto al trato preferencial de los fabricantes hacia Game, solo hay que ver cómo muchas Ediciones Limitadas, Ediciones de Coleccionista y demás objetos difíciles de conseguir, son exclusivos de Game. ¿Qué quiere decir esto? Que muchos clientes con afán de hacerse con una edición especial de algún juego, se ven forzados a ir a Game porque es el único sitio donde conseguir aquello que buscan. Entiendo que los fabricantes hagan un trato preferencial a quien más gasto les hace, pero no por ello han de machacar a los pequeños empresarios que tratamos de salir adelante.
Es por ello que al final, la única solución viable es dedicarse a la compra-venta de artículos de segunda mano, que, en definitiva, es lo único que deja un margen de beneficio relativamente razonable, y que es en lo único que cojea Game, ya que utilizan ese sector de mercado para deshacerse de todo aquello a lo que no le encuentran otra salida (FIFAs viejos, juegos de karaoke repetidísimos etc.), haciendo gala de un catálogo muy corto en seminuevos (lo dicho, juegos que nadie quiere, y cientos de copias de los mismos, sin apenas margen para comprar de segunda mano nada que no sea lo que ellos quieren soltar. Si no me creéis, intentad comprar un GTA V seminuevo en Game...). Y aun así, son ellos los que imponen los precios de los juegos de segunda mano también, aunque no dispongan de ellos. Si entras en su web y buscas cualquier juego, verás que trae el precio de "seminuevo", pero que en la mayoría de ellos figura como "agotado".
Ese, amigos, es el funcionamiento de la indistria del videojuego en España.
Pero no, no estoy hablando solo de videojuegos. Mucho me temo (y solo me temo, porque no conozco otros mercados) que en el resto de comercios sucede igual.
Vivir a la sombra de Game. Y de Zara. Y de Media Markt. Y de Mercadona. Del capital.
Vivir a la sombra.
martes, 18 de octubre de 2016
UNA BALA
Tendemos a subestimar las pequeñas cosas.
Siempre creemos que la felicidad está en las cosas descomunales. En las cosas ostentosas, épicas. Somos unos megalómanos, ande o no ande, caballo grande.
Y no nos damos cuenta de que hay cosas pequeñas, casi insignificantes que pueden cambiar el curso de la historia de la humanidad, no hablemos ya del de nuestras propias vidas. Cosas nimias que en un momento dado pueden hundirte o salvarte la vida. Una gota de agua dulce en mitad del mar para un náufrago sediento. Insignificante en mitad de la inmensidad, pero imprescindible en el momento.
Imaginad la cantidad de armamento que se gastó, por ejemplo, en la segunda guerra mundial. Toneladas de metralla, de maquinaria bélica, cargamentos de munición, kilos y kilos de metal con un único objetivo: destruir al enemigo, declararse vencedor. Pero entre tanto maremágnum de explosiones, en mitad de esa orgía de disparos, de muertes, de bombardeos y destrucción, pasamos por alto el valor de algo mínimo, algo que podía haber evitado todo lo demás. ¿Os imagináis una única bala dirigida con precisión a la cabeza de Hitler? Una sola bala. Una única bala dentro de los millones de ellas que fueron disparadas en toda la guerra. Y habría supuesto el final.
A veces, esa bala la tenemos en la recámara y no somos conscientes de ello. Esa bala puede ser un beso, un abrazo o una buena palabra a tiempo. A veces es una pequeña decisión aparentemente intrascendente pero que puede cambiar el curso de los acontecimientos. A veces es un leve gesto. A veces es un silencio. A veces, ni somos conscientes siquiera de haberla disparado, pero ahí está. La bala que puede empezar o acabar un conflicto. La bala que da y quita vidas.
No dejéis que vuestra bala se oxide en la recámara. Esa bala puede ser lo que cambie la historia. Pensad, examinad y descubrid cuál es la bala que tenéis que disparar en cada momento.
Porque a veces un único disparo puede cambiarlo todo.
Siempre creemos que la felicidad está en las cosas descomunales. En las cosas ostentosas, épicas. Somos unos megalómanos, ande o no ande, caballo grande.
Y no nos damos cuenta de que hay cosas pequeñas, casi insignificantes que pueden cambiar el curso de la historia de la humanidad, no hablemos ya del de nuestras propias vidas. Cosas nimias que en un momento dado pueden hundirte o salvarte la vida. Una gota de agua dulce en mitad del mar para un náufrago sediento. Insignificante en mitad de la inmensidad, pero imprescindible en el momento.
Imaginad la cantidad de armamento que se gastó, por ejemplo, en la segunda guerra mundial. Toneladas de metralla, de maquinaria bélica, cargamentos de munición, kilos y kilos de metal con un único objetivo: destruir al enemigo, declararse vencedor. Pero entre tanto maremágnum de explosiones, en mitad de esa orgía de disparos, de muertes, de bombardeos y destrucción, pasamos por alto el valor de algo mínimo, algo que podía haber evitado todo lo demás. ¿Os imagináis una única bala dirigida con precisión a la cabeza de Hitler? Una sola bala. Una única bala dentro de los millones de ellas que fueron disparadas en toda la guerra. Y habría supuesto el final.
A veces, esa bala la tenemos en la recámara y no somos conscientes de ello. Esa bala puede ser un beso, un abrazo o una buena palabra a tiempo. A veces es una pequeña decisión aparentemente intrascendente pero que puede cambiar el curso de los acontecimientos. A veces es un leve gesto. A veces es un silencio. A veces, ni somos conscientes siquiera de haberla disparado, pero ahí está. La bala que puede empezar o acabar un conflicto. La bala que da y quita vidas.
No dejéis que vuestra bala se oxide en la recámara. Esa bala puede ser lo que cambie la historia. Pensad, examinad y descubrid cuál es la bala que tenéis que disparar en cada momento.
Porque a veces un único disparo puede cambiarlo todo.
viernes, 30 de septiembre de 2016
EL TUITERO PERFECTO
Yo siempre he soñado con ser el tuitero perfecto, pero claro, eso es imposible.
Es imposible debido a mis limitaciones, claro.
No se puede ser el tuitero perfecto sin estar la mitad de bueno que @Borja_Killjoy. Sin tener la simpatía y el buen rollo que transmiten @soymartuky o @eskycuriosa. Sin tener esa facilidad para contar las cosas de una forma tronchante que tiene @elmalosa o sin la desgarradora verdad de @Zarem9. No se puede ser el tuitero perfecto si no se es tan cariñoso y atento como lo es @francorrales, ni sin la amabilidad y generosidad de @IstarCollado. No se puede.
Para ser el tuitero perfecto habría que tener el arte dibujando de @Salvatwitts o de @JPinthor, o la capacidad de hacer montajes imposibles de @__tuan__. Habría que hacer de lo corriente algo maravilloso como hace @subiendoelpan. Tener la cercanía y la constancia de @moniescat y esa apariencia de ser incapaz de hacer nada mal que tiene @fortweetos. O la sensualidad de @MaryanCM o @sarahgosamasqtu. O la capacidad de hacer reír solo con cambiar de avatar de @jreyeslopez.
El tuitero perfecto tendría que tener la virtud de ser un artista del vídeo del @Sr_Kal_El y la combatividad y ganas de vivir de @OscarJim3nez. La simplicidad y campechanía de @El_Conde_Chico y la potestad de hacer juegos de palabras imposibles de @CineJavi, @EresMuyGracioso o @AzulWorow. O incluso tener una firma propia, como los "Besitos" de @CarlaBotb.
Es inviable ser un tuitero perfecto sin la capacidad de ser buen amigo de @javimoya77 o @CosasDeGabri. Sin ser capaz de contar historias humanas y hacerlas propias como hace @anaruize. Sin la absurdez de @lazonadsantutxu o sin esa forma de ser tonto, pero muy tonto, siendo inteligentes, de @Onde_va_iyo o @donarfonzo (que debe de ser genético).
No. No puedes ser el tuitero perfecto si no eres tan directo y claro como @Propensa_ o @soloparatuitear. O sin compartir de una manera tan currada los tuits de los demás como hace @Raspatuit. Sin la virtud de crear humor de cualquier situación de @PajaritaStory. Sin la rapidez mental y frikismo de @ACraich. Y sin el espíritu dialogante de @Retuinterias.
Y es que es imposible aspirar a ser el tuitero perfecto si no muestras ese interés y esa forma de aparecer siempre en el mejor momento que tienen @Lah_Banks o @BegotxuBoo. Para serlo necesitas la espontaneidad que le proporcionan sus taras a @EddaRagnarok, y las absurdas pero rebuscadas memeces de @LaCasaDePeter o @Ezequiel__P.
Obvio que me gustaría ser el tuitero perfecto, pero carezco del humor negro de @raquelsastrecom o las punzadas de realidad de @SenoritaPuri. Y carezco también de la llaneza de @ABCalmaestra.
Pero bueno, aun sin serlo, todavía nos permiten tener una cuenta en tuiter.
Que no es poco.
Es imposible debido a mis limitaciones, claro.
No se puede ser el tuitero perfecto sin estar la mitad de bueno que @Borja_Killjoy. Sin tener la simpatía y el buen rollo que transmiten @soymartuky o @eskycuriosa. Sin tener esa facilidad para contar las cosas de una forma tronchante que tiene @elmalosa o sin la desgarradora verdad de @Zarem9. No se puede ser el tuitero perfecto si no se es tan cariñoso y atento como lo es @francorrales, ni sin la amabilidad y generosidad de @IstarCollado. No se puede.
Para ser el tuitero perfecto habría que tener el arte dibujando de @Salvatwitts o de @JPinthor, o la capacidad de hacer montajes imposibles de @__tuan__. Habría que hacer de lo corriente algo maravilloso como hace @subiendoelpan. Tener la cercanía y la constancia de @moniescat y esa apariencia de ser incapaz de hacer nada mal que tiene @fortweetos. O la sensualidad de @MaryanCM o @sarahgosamasqtu. O la capacidad de hacer reír solo con cambiar de avatar de @jreyeslopez.
El tuitero perfecto tendría que tener la virtud de ser un artista del vídeo del @Sr_Kal_El y la combatividad y ganas de vivir de @OscarJim3nez. La simplicidad y campechanía de @El_Conde_Chico y la potestad de hacer juegos de palabras imposibles de @CineJavi, @EresMuyGracioso o @AzulWorow. O incluso tener una firma propia, como los "Besitos" de @CarlaBotb.
Es inviable ser un tuitero perfecto sin la capacidad de ser buen amigo de @javimoya77 o @CosasDeGabri. Sin ser capaz de contar historias humanas y hacerlas propias como hace @anaruize. Sin la absurdez de @lazonadsantutxu o sin esa forma de ser tonto, pero muy tonto, siendo inteligentes, de @Onde_va_iyo o @donarfonzo (que debe de ser genético).
No. No puedes ser el tuitero perfecto si no eres tan directo y claro como @Propensa_ o @soloparatuitear. O sin compartir de una manera tan currada los tuits de los demás como hace @Raspatuit. Sin la virtud de crear humor de cualquier situación de @PajaritaStory. Sin la rapidez mental y frikismo de @ACraich. Y sin el espíritu dialogante de @Retuinterias.
Y es que es imposible aspirar a ser el tuitero perfecto si no muestras ese interés y esa forma de aparecer siempre en el mejor momento que tienen @Lah_Banks o @BegotxuBoo. Para serlo necesitas la espontaneidad que le proporcionan sus taras a @EddaRagnarok, y las absurdas pero rebuscadas memeces de @LaCasaDePeter o @Ezequiel__P.
Obvio que me gustaría ser el tuitero perfecto, pero carezco del humor negro de @raquelsastrecom o las punzadas de realidad de @SenoritaPuri. Y carezco también de la llaneza de @ABCalmaestra.
Pero bueno, aun sin serlo, todavía nos permiten tener una cuenta en tuiter.
Que no es poco.
martes, 27 de septiembre de 2016
PINCELADAS
Soy un disfuncional mental.
Dicen que tengo gracia, pero creo que alguien que tiene gracia puede ser gracioso constantemente, yo necesito pensar y repensar para soltar algún chiste medio en condiciones. Y no, no soy simpático. No soy en absoluto simpático. La gente que me conoce sabe que soy borde y desagradable, pero dicen que tengo un no sé qué que qué sé yo que hace que se me coja cariño. Quizá sean mis firmes convicciones y mi descarnada sinceridad.
Me gusta más un cubalibre de ron que a un tonto una presidencia del gobierno, y así me luce el pelo.
Soy vasco, concretamente bilbaíno, de lo cual podéis deducir que meriendo niños, pongo bombas en los coches y disfruto pegando tiros en la nuca a la gente. Y que odio a España, por eso vivo en Almería, después de haber pasado 8 años viviendo en Madrid, capital del estado opresor, y en la que conservo a mis mejores amigos.
Soy rojo, ateo y republicano. Y del Athletic. Muy del Athletic, oiga. Soy más del Athletic que las porterías de San Mamés.
Me gusta comer bien, beber mucho (bien o mal, lo decide la situación) y dormir más aún, aunque debido a mis actuales circunstancias de vida, lo practico menos de lo que quisiera. Me gusta más la noche que el día, la piscina que la playa, y, si de mí dependiera, me iría a vivir a la montaña, lejos de la humanidad, lejos de la gente, que es lo que hace que la vida dé más asco del que debería.
Tengo fe ciega en el amor, dudo de la amistad sincera y creo profundamente en la conveniencia, que es lo que une a las personas. Soy misántropo, sociópata y antisocial, pero me caéis bien, qué cojones.
Tengo más de lo que necesito para vivir, pero menos de lo que quisiera tener, aunque eso creo que es una condición sine qua non del ser humano.
Soy vago, muy vago. Pero no un vago corriente, de los que no les apetece hacer nada por no cansarse. No. Yo soy un vago auténtico, y para eso hay que valer. No todo el mundo es capaz de estar horas y horas sin hacer absolutamente nada productivo. Yo puedo. Pero, por desgracia, aún no pagan por ello, así que no soy practicante.
Soy un gilipollas de manual.
Tengo muy claro lo que me gusta, pero tengo más claro aún lo que no me gusta. No sé muy bien lo que quiero, pero sí lo que no quiero. Y mi lema en la vida lo heredé de mi abuelo: "Paso corto, vista larga y mala leche". Y en ello baso toda mi filosofía.
Odio por deporte. Odio por diversión. Odio porque me gusta odiar. Odio a cualquier persona que me cruce en la vida, y para todas ellas tengo un motivo plausible, si bien no racional, sí justificable desde mi desquiciada visión de la vida. Hay dos maneras de hacer las cosas: mal, o a mi manera. Y si tu manera no coincide con la mía, pensaré que la estás cagando.
Soy un puto tarado, pero paráos a pensar cómo debéis estar vosotros, que a pesar de todo esto, me leéis.
Soy muchas más cosas, pero esas hay que esforzarse en conocerlas, en descubrirlas.
Y eso, amigos, no se lo permito a cualquiera.
Dicen que tengo gracia, pero creo que alguien que tiene gracia puede ser gracioso constantemente, yo necesito pensar y repensar para soltar algún chiste medio en condiciones. Y no, no soy simpático. No soy en absoluto simpático. La gente que me conoce sabe que soy borde y desagradable, pero dicen que tengo un no sé qué que qué sé yo que hace que se me coja cariño. Quizá sean mis firmes convicciones y mi descarnada sinceridad.
Me gusta más un cubalibre de ron que a un tonto una presidencia del gobierno, y así me luce el pelo.
Soy vasco, concretamente bilbaíno, de lo cual podéis deducir que meriendo niños, pongo bombas en los coches y disfruto pegando tiros en la nuca a la gente. Y que odio a España, por eso vivo en Almería, después de haber pasado 8 años viviendo en Madrid, capital del estado opresor, y en la que conservo a mis mejores amigos.
Soy rojo, ateo y republicano. Y del Athletic. Muy del Athletic, oiga. Soy más del Athletic que las porterías de San Mamés.
Me gusta comer bien, beber mucho (bien o mal, lo decide la situación) y dormir más aún, aunque debido a mis actuales circunstancias de vida, lo practico menos de lo que quisiera. Me gusta más la noche que el día, la piscina que la playa, y, si de mí dependiera, me iría a vivir a la montaña, lejos de la humanidad, lejos de la gente, que es lo que hace que la vida dé más asco del que debería.
Tengo fe ciega en el amor, dudo de la amistad sincera y creo profundamente en la conveniencia, que es lo que une a las personas. Soy misántropo, sociópata y antisocial, pero me caéis bien, qué cojones.
Tengo más de lo que necesito para vivir, pero menos de lo que quisiera tener, aunque eso creo que es una condición sine qua non del ser humano.
Soy vago, muy vago. Pero no un vago corriente, de los que no les apetece hacer nada por no cansarse. No. Yo soy un vago auténtico, y para eso hay que valer. No todo el mundo es capaz de estar horas y horas sin hacer absolutamente nada productivo. Yo puedo. Pero, por desgracia, aún no pagan por ello, así que no soy practicante.
Soy un gilipollas de manual.
Tengo muy claro lo que me gusta, pero tengo más claro aún lo que no me gusta. No sé muy bien lo que quiero, pero sí lo que no quiero. Y mi lema en la vida lo heredé de mi abuelo: "Paso corto, vista larga y mala leche". Y en ello baso toda mi filosofía.
Odio por deporte. Odio por diversión. Odio porque me gusta odiar. Odio a cualquier persona que me cruce en la vida, y para todas ellas tengo un motivo plausible, si bien no racional, sí justificable desde mi desquiciada visión de la vida. Hay dos maneras de hacer las cosas: mal, o a mi manera. Y si tu manera no coincide con la mía, pensaré que la estás cagando.
Soy un puto tarado, pero paráos a pensar cómo debéis estar vosotros, que a pesar de todo esto, me leéis.
Soy muchas más cosas, pero esas hay que esforzarse en conocerlas, en descubrirlas.
Y eso, amigos, no se lo permito a cualquiera.
sábado, 24 de septiembre de 2016
POR PALABRAS (3)
Resulta extraño caminar por la vida observando a tu alrededor.
Que sí, que debería ser lo normal, ir fijándose en los pequeños detalles, pero nos hemos convertido en una sociedad individualista en la que poco o nada nos interesa nuestro entorno, si no nos afecta directamente, que deberíamos prestar más atención a cuanto nos rodea, pero eso se ha vuelto ajeno a nuestra propia esencia.
Y no solo eso. Es extraño lo que podemos llegar a ver si nos fijamos bien. Desde una perspectiva cuerda, en la que pretendamos entender lo que los demás hacen. Cualquier parecido con lo que a nosotros, desde nuestro individualismo, pudiera parecernos coherente, es un villarato en toda regla, una imposición que se aleja de lo serio para aposentarse en el interés de unos pocos.
Y seguimos caminando, buscando tal vez esa serendipia que nos alegre el día, la semana o la existencia. Un vencejo volando a ras de las nubes, tan casual como llamativo, que nos luxe el esternocleidomastoideo solo en la intención de seguir su trayectoria. Cachivaches accidentales que provocan tropezones y desencuentros, estorbos y obstáculos que nos conducen a no saber, a no creer, a no indagar más, pues la realidad sigue siendo algo extraño, algo que nuestras entendederas no alcanzan a desencriptar, aunque la forcemos con el desatascador del razocinio. Como un ornitorrinco, con su pico de pato, sus patas de tortuga, su caparazón y su cola de vaya usted a saber qué. Un conjunto de cosas que no deberían estar juntas pero que, de alguna extraña manera, encajan y hacen que todo funcione.
Y al final, lo único que nos queda es desintoxicar nuestra mente de vicios adquiridos, de normalidades, y tratar de comprender qué está sucediendo, por qué las cosas han de ser así. Por qué no pueden ser de otro modo. Por qué no comprendemos que cosas así ocurran.
Peleamos con todas nuestras fuerzas, tratando de creer que tiene que ser un error, que estamos percibiendo las cosas de manera errónea, que no todo puede ir tan mal. Nos empeñamos en que el mundo debería ser de otra manera, de una forma en la que pudiese resultarnos comprensible. Pero no, por más que soñemos una realidad perfecta, al final acabamos por rendirnos a la verdad objetiva.
No sirve de nada lamentarse. Es un hecho.
Pablo Alborán vuelve a los escenarios.
Y eso amigos, aparte de incomprensible e insalubre, es la realidad, por más que nos empeñemos en luchar para creer lo contrario.
Que sí, que debería ser lo normal, ir fijándose en los pequeños detalles, pero nos hemos convertido en una sociedad individualista en la que poco o nada nos interesa nuestro entorno, si no nos afecta directamente, que deberíamos prestar más atención a cuanto nos rodea, pero eso se ha vuelto ajeno a nuestra propia esencia.
Y no solo eso. Es extraño lo que podemos llegar a ver si nos fijamos bien. Desde una perspectiva cuerda, en la que pretendamos entender lo que los demás hacen. Cualquier parecido con lo que a nosotros, desde nuestro individualismo, pudiera parecernos coherente, es un villarato en toda regla, una imposición que se aleja de lo serio para aposentarse en el interés de unos pocos.
Y seguimos caminando, buscando tal vez esa serendipia que nos alegre el día, la semana o la existencia. Un vencejo volando a ras de las nubes, tan casual como llamativo, que nos luxe el esternocleidomastoideo solo en la intención de seguir su trayectoria. Cachivaches accidentales que provocan tropezones y desencuentros, estorbos y obstáculos que nos conducen a no saber, a no creer, a no indagar más, pues la realidad sigue siendo algo extraño, algo que nuestras entendederas no alcanzan a desencriptar, aunque la forcemos con el desatascador del razocinio. Como un ornitorrinco, con su pico de pato, sus patas de tortuga, su caparazón y su cola de vaya usted a saber qué. Un conjunto de cosas que no deberían estar juntas pero que, de alguna extraña manera, encajan y hacen que todo funcione.
Y al final, lo único que nos queda es desintoxicar nuestra mente de vicios adquiridos, de normalidades, y tratar de comprender qué está sucediendo, por qué las cosas han de ser así. Por qué no pueden ser de otro modo. Por qué no comprendemos que cosas así ocurran.
Peleamos con todas nuestras fuerzas, tratando de creer que tiene que ser un error, que estamos percibiendo las cosas de manera errónea, que no todo puede ir tan mal. Nos empeñamos en que el mundo debería ser de otra manera, de una forma en la que pudiese resultarnos comprensible. Pero no, por más que soñemos una realidad perfecta, al final acabamos por rendirnos a la verdad objetiva.
No sirve de nada lamentarse. Es un hecho.
Pablo Alborán vuelve a los escenarios.
Y eso amigos, aparte de incomprensible e insalubre, es la realidad, por más que nos empeñemos en luchar para creer lo contrario.
lunes, 5 de septiembre de 2016
LA MÁQUINA DE HACER DINERO
Os voy a pedir un ejercicio de imaginación: Quiero que visualicéis a Joe Cocker con la peor resaca de su vida haciendo un dueto con Leonard Cohen con amigdalitis, cantando a voz en cuello "LO DEJARÍA TODO PORQUE TE QUEDARAAAAS".
La imagen es aterradora, dantesca, pero el sonido, ¡ay amigos!, el sonido trasciende los límites de lo humanamente soportable.
Y no es tan difícil de imaginar, realmente. Basta que acudáis cualquier noche, a altas horas, al mejor negocio del mundo:
LOS KARAOKES.
Y no lo califico de "el mejor negocio del mundo" por lo amenos o atractivos que sean (que oye, bien mirado, pocos sitios hay mejores para echarte unas buenas risas ante tantos y tantos recortes de "La Voz", "Operación Triunfo", "Tú sí que vales" o "Factor X", o cualquiera de esas mandangas televisivas) si no porque entre los que van allí a exhibir sus grandes dotes de canto, pero claro, "hasta que no voy un poquitín achispado, no me suelto" (no, hijo de puta, para cantar eso y de ese modo no hay que ir achispado, hay que ser un cabrón insensible con los tímpanos ajenos) y los que estoicamente sufrimos sus aberraciones cacofónicas, la venta de alcohol se dispara a calibres inimaginables en cualquier otra situación carente de tortura. Porque si hay que beber para soltarse a cantar, hay que beber el triple para soportarlo sin abrirte las venas a lo largo.
Ergo, la ecuación es fácil. Por cada copa que se bebe el que va a cantar, el que tiene que oírlo se tiene que deglutir tres, así que:
4 copas por canción. 5€ por copa = 20€ por canción.
4 minutos por canción = 15 canciones por hora.
15 canciones x 20€ = 300€ por hora.
¿Rentable o no?
Además, no requiere ninguna gran inversión, ya que la canción más moderna que suele cantarse en estos antros es el "Cadillac Solitario" del inefable Loquillo, de hace unos 30 años, así que no hace falta actualizarse continuamente.
De hecho, creo que con tener tres o cuatro temas de Raphael, el Dúo Dinámico, Julio Iglesias y Nino Bravo, puedes echar a andar un negocio de este tipo con la más absoluta tranquilidad.
Señores, bienvenidos a la máquina de hacer dinero.
La imagen es aterradora, dantesca, pero el sonido, ¡ay amigos!, el sonido trasciende los límites de lo humanamente soportable.
Y no es tan difícil de imaginar, realmente. Basta que acudáis cualquier noche, a altas horas, al mejor negocio del mundo:
LOS KARAOKES.
Y no lo califico de "el mejor negocio del mundo" por lo amenos o atractivos que sean (que oye, bien mirado, pocos sitios hay mejores para echarte unas buenas risas ante tantos y tantos recortes de "La Voz", "Operación Triunfo", "Tú sí que vales" o "Factor X", o cualquiera de esas mandangas televisivas) si no porque entre los que van allí a exhibir sus grandes dotes de canto, pero claro, "hasta que no voy un poquitín achispado, no me suelto" (no, hijo de puta, para cantar eso y de ese modo no hay que ir achispado, hay que ser un cabrón insensible con los tímpanos ajenos) y los que estoicamente sufrimos sus aberraciones cacofónicas, la venta de alcohol se dispara a calibres inimaginables en cualquier otra situación carente de tortura. Porque si hay que beber para soltarse a cantar, hay que beber el triple para soportarlo sin abrirte las venas a lo largo.
Ergo, la ecuación es fácil. Por cada copa que se bebe el que va a cantar, el que tiene que oírlo se tiene que deglutir tres, así que:
4 copas por canción. 5€ por copa = 20€ por canción.
4 minutos por canción = 15 canciones por hora.
15 canciones x 20€ = 300€ por hora.
¿Rentable o no?
Además, no requiere ninguna gran inversión, ya que la canción más moderna que suele cantarse en estos antros es el "Cadillac Solitario" del inefable Loquillo, de hace unos 30 años, así que no hace falta actualizarse continuamente.
De hecho, creo que con tener tres o cuatro temas de Raphael, el Dúo Dinámico, Julio Iglesias y Nino Bravo, puedes echar a andar un negocio de este tipo con la más absoluta tranquilidad.
Señores, bienvenidos a la máquina de hacer dinero.
sábado, 3 de septiembre de 2016
MANUALIDADES
Hay una subespecie humana que últimamente me tiene preocupado, y que además se deja ver bastante por las redes sociales.
He estado observándoos. He estado observando las fotos que subís a Facebook, Twitter e Instagram. He estado analizando todo ello y he visto cosas que no alcanzo a comprender. Cosas que carecen de explicación lógica. Pero, como ya dijera Jack el destripador, vayamos por partes.
Comprendo que la gente tiene mucho tiempo libre y que cada cual puede emplearlo como quiera. Y no, esta vez no voy a meterme con los "runners" (que oye, si queréis correr sin tener prisa y sin que nadie os persiga, me parece respetable, aunque no lo comparta) ni con los youtubers (aunque conozco formas menos humillantes de dar pie a vuestra creatividad).
Y no quiero culparos a vosotros. Quiero creer que alguien os ha hecho creer que lo que hacéis, mola. Que se os da bien. Quiero creer que hay algún hijo de su santísima madre que, con el único afán de partirse el ojete a costa vuestra, ha promovido y alentado vuestro hobby. Porque otra explicación no me cabe.
Hablo de esa gente que hace manualidades. Sí, amigos, manualidades como las que hacíamos en 4º de E.G.B. o incluso antes. Cuadros con macarrones. Collarcitos con piedrecitas de la playa. Macetas usando el culo de una botella de agua mineral de dos litros (o de litro y medio, si la planta que van a contener es más pequeña). Lámparas con vasos de plástico pegados entre sí. Montones de mierda que ni siquiera un enfermo de síndrome de Diógenes acumularía en su casa. O, como los llamaba Buenafuente, "pongos" (porque la pregunta inmediatamente posterior a recibir un regalo de ese tipo es "¿Esto dónde lo pongo"?).
Y no hablo de la gente que hace bricolaje, que he visto trabajos que harían palidecer de envidia al barbas de "Bricomanía", no. Hablo de la gente que sube una foto de su último "trabajo" y no sabes a ciencia cierta si la foto es de algo que han hecho ellos, o sus hijos de 4 años. Me los imagino dándole al botón de "Publicar foto" con una cara de satisfacción que parece que acaben de terminar de restaurar la Capilla Sixtina. Henchidos de gozo. Satisfechos. Y nosotros, el resto de mortales sin taras mentales ni actitud de cinco años pensamos ("Pero... PERO. ¿QUÉ MIERDA ES ESA? ¿De verdad se cree que vale la pena compartir ESO?")
Y lo peor no es esa autosatisfacción del que publica la foto, que al fin y al cabo es un engañado más. Lo peor es la gente que comenta ese post con frases del tipo: "Hala, qué chulo te ha quedado" o "Me tienes que decir cómo se hace, que yo también quiero hacerlo", donde realmente quieren decir "¿Qué es? No, en serio, ¿QUÉ COÑO ES?" o "Te tengo que pasar el número de un terapeuta que cura las regresiones a la infancia".
Sé que el convenio social obliga a no reírse de cosas que a otros les ha costado un esfuerzo, pero por favor, no lo alentéis. Simplemente ignoradlo. Por el bien de todos.
Y si os regalan algo de ese tipo, simplemente poned vuestra mejor cara, y buscad el punto de reciclaje más cercano.
Ayúdanos. Ayúdales.
He estado observándoos. He estado observando las fotos que subís a Facebook, Twitter e Instagram. He estado analizando todo ello y he visto cosas que no alcanzo a comprender. Cosas que carecen de explicación lógica. Pero, como ya dijera Jack el destripador, vayamos por partes.
Comprendo que la gente tiene mucho tiempo libre y que cada cual puede emplearlo como quiera. Y no, esta vez no voy a meterme con los "runners" (que oye, si queréis correr sin tener prisa y sin que nadie os persiga, me parece respetable, aunque no lo comparta) ni con los youtubers (aunque conozco formas menos humillantes de dar pie a vuestra creatividad).
Y no quiero culparos a vosotros. Quiero creer que alguien os ha hecho creer que lo que hacéis, mola. Que se os da bien. Quiero creer que hay algún hijo de su santísima madre que, con el único afán de partirse el ojete a costa vuestra, ha promovido y alentado vuestro hobby. Porque otra explicación no me cabe.
Hablo de esa gente que hace manualidades. Sí, amigos, manualidades como las que hacíamos en 4º de E.G.B. o incluso antes. Cuadros con macarrones. Collarcitos con piedrecitas de la playa. Macetas usando el culo de una botella de agua mineral de dos litros (o de litro y medio, si la planta que van a contener es más pequeña). Lámparas con vasos de plástico pegados entre sí. Montones de mierda que ni siquiera un enfermo de síndrome de Diógenes acumularía en su casa. O, como los llamaba Buenafuente, "pongos" (porque la pregunta inmediatamente posterior a recibir un regalo de ese tipo es "¿Esto dónde lo pongo"?).
Y no hablo de la gente que hace bricolaje, que he visto trabajos que harían palidecer de envidia al barbas de "Bricomanía", no. Hablo de la gente que sube una foto de su último "trabajo" y no sabes a ciencia cierta si la foto es de algo que han hecho ellos, o sus hijos de 4 años. Me los imagino dándole al botón de "Publicar foto" con una cara de satisfacción que parece que acaben de terminar de restaurar la Capilla Sixtina. Henchidos de gozo. Satisfechos. Y nosotros, el resto de mortales sin taras mentales ni actitud de cinco años pensamos ("Pero... PERO. ¿QUÉ MIERDA ES ESA? ¿De verdad se cree que vale la pena compartir ESO?")
Y lo peor no es esa autosatisfacción del que publica la foto, que al fin y al cabo es un engañado más. Lo peor es la gente que comenta ese post con frases del tipo: "Hala, qué chulo te ha quedado" o "Me tienes que decir cómo se hace, que yo también quiero hacerlo", donde realmente quieren decir "¿Qué es? No, en serio, ¿QUÉ COÑO ES?" o "Te tengo que pasar el número de un terapeuta que cura las regresiones a la infancia".
Sé que el convenio social obliga a no reírse de cosas que a otros les ha costado un esfuerzo, pero por favor, no lo alentéis. Simplemente ignoradlo. Por el bien de todos.
Y si os regalan algo de ese tipo, simplemente poned vuestra mejor cara, y buscad el punto de reciclaje más cercano.
Ayúdanos. Ayúdales.
viernes, 2 de septiembre de 2016
EGOS, IMPRESCINDIBILIDADES Y OTRAS PATRAÑAS
Como ya dije en la primera entrada de este blog, vamos a hablar del contenido social de Twitter...
Twitter, amigos, es una red social. SOCIAL. Lo que implica relacionarse con gente, interactuar, dar y recibir, concepto que a muchos/as se les olvida en cuanto empiezan a sentirse importantes, a alcanzar un número elevado de seguidores, a creerse más que los demás, pero, ¿os habéis parado a pensar en lo que sucedería si todos esos tuitstars que te miran por encima del hombro dejasen de tuitear?
Exacto: NADA.
Seguiríamos cada uno con su cuenta, publicando sus cosas, compartiendo lo que le gusta, y no se pararía el mundo, ni se acabaría la diversión. Podríamos seguir con nuestras vidas, perdiéndonos sus brillantes ocurrencias, que aunque muchos lo crean, no son tan necesarias como el oxígeno para vivir.
Más se perdió cuando fallecieron Eugenio, o Gila. Más se perdió cuando perdimos a Miguel de Cervantes o Camilo José Cela, y esos SÍ tenían talento. Talento de verdad. No eran importantes por hacer cuatro chistes y poner un par de reflexiones en una red social. Hicieron grandes trabajos que se recordarán por siempre.
Sé, porque lo he vivido en mis propias carnes, que siempre hace ilusión que te siga ese tuitero con muchísimos seguidores al que admiras, con el que te ríes, pero, al final, ¿de qué sirve que te siga si no va a leerte? Y, en el caso de que te lea, si nunca retuitea un tuit tuyo, ¿qué quiere decir? ¿Que no eres lo suficientemente bueno para aparecer en su TL? ¿Que ninguno de tus tuits es bastante ingenioso como para que él lo comparta? Al final, es un arma de doble filo: Por un lado, hace ilusión que ese gran tuitero te siga, pero por otra parte, desmoraliza bastante pensar que no eres digno de ser retuiteado por él.
Estamos creando "famosillos" de pegote. Como ya dijera El Mula en su día, "Ser famoso en tuiter es como ser el alcalde de Palencia. Que está muy bien, pero fuera de allí no te conoce ni Dios".
¿Qué sería de los tuitstar sin su legión de palmeros, que les retuitean hasta los buenos días? ¿Que sería de ellos si toda la gente a la que ignoran les diese unfollow? ¿Tanto cuesta ser amable, educado? Su ego se lo impide. Son demasiado buenos para nosotros.
Pero que no se equivoque nadie. NADIE es imprescindible. Si un tuitstar cierra su cuenta, ya habrá otro millón de cuentas que nos hagan reír, porque, por suerte, el talento en tuiter, el ingenio, es algo que abunda.
No caigáis en la trampa de bailarle el agua a quien no siente la más mínima consideración por vosotros.
No alimentemos más egos.
Twitter, amigos, es una red social. SOCIAL. Lo que implica relacionarse con gente, interactuar, dar y recibir, concepto que a muchos/as se les olvida en cuanto empiezan a sentirse importantes, a alcanzar un número elevado de seguidores, a creerse más que los demás, pero, ¿os habéis parado a pensar en lo que sucedería si todos esos tuitstars que te miran por encima del hombro dejasen de tuitear?
Exacto: NADA.
Seguiríamos cada uno con su cuenta, publicando sus cosas, compartiendo lo que le gusta, y no se pararía el mundo, ni se acabaría la diversión. Podríamos seguir con nuestras vidas, perdiéndonos sus brillantes ocurrencias, que aunque muchos lo crean, no son tan necesarias como el oxígeno para vivir.
Más se perdió cuando fallecieron Eugenio, o Gila. Más se perdió cuando perdimos a Miguel de Cervantes o Camilo José Cela, y esos SÍ tenían talento. Talento de verdad. No eran importantes por hacer cuatro chistes y poner un par de reflexiones en una red social. Hicieron grandes trabajos que se recordarán por siempre.
Sé, porque lo he vivido en mis propias carnes, que siempre hace ilusión que te siga ese tuitero con muchísimos seguidores al que admiras, con el que te ríes, pero, al final, ¿de qué sirve que te siga si no va a leerte? Y, en el caso de que te lea, si nunca retuitea un tuit tuyo, ¿qué quiere decir? ¿Que no eres lo suficientemente bueno para aparecer en su TL? ¿Que ninguno de tus tuits es bastante ingenioso como para que él lo comparta? Al final, es un arma de doble filo: Por un lado, hace ilusión que ese gran tuitero te siga, pero por otra parte, desmoraliza bastante pensar que no eres digno de ser retuiteado por él.
Estamos creando "famosillos" de pegote. Como ya dijera El Mula en su día, "Ser famoso en tuiter es como ser el alcalde de Palencia. Que está muy bien, pero fuera de allí no te conoce ni Dios".
¿Qué sería de los tuitstar sin su legión de palmeros, que les retuitean hasta los buenos días? ¿Que sería de ellos si toda la gente a la que ignoran les diese unfollow? ¿Tanto cuesta ser amable, educado? Su ego se lo impide. Son demasiado buenos para nosotros.
Pero que no se equivoque nadie. NADIE es imprescindible. Si un tuitstar cierra su cuenta, ya habrá otro millón de cuentas que nos hagan reír, porque, por suerte, el talento en tuiter, el ingenio, es algo que abunda.
No caigáis en la trampa de bailarle el agua a quien no siente la más mínima consideración por vosotros.
No alimentemos más egos.
miércoles, 31 de agosto de 2016
POR PALABRAS (2)
Andamos locos, sin rumbo. Como pollo sin cabeza, aunque en esta ocasión lo que está descabezado es el país. Desde hace ocho meses y pico, amigos.
He visto nacer bebés en menos tiempo.
Pero nos hemos vuelto adictos a esto. A los debates de investidura. A esta demagogia interdisciplinar que se ha vuelto cíclica, como un mantra eterno que nos vemos condenados a repetir cada unos cuantos meses, como una ola que va y viene de la playa, en una eterna marea (y resaca, qué resaca).
Y se ha convertido en algo tan normal que lo aceptamos sin rechistar. Sin padecer. Sin que se nos escape siquiera una gota de pis. Es algo tan normal, tan habitual como respirar. Que ya no sé si es que se nos han acabado las ganas de pelear, la rabia, el instinto de resistencia, o es simplemente que nos come la desidia. La pesadumbre. La apatía más soberana.
Nos vemos doblegados por esa pertinaz procrastinación que nos hace esperar una y otra vez por lo mismo, intentando adaptarnos a unas circunstancias que nos son hostiles e hirientes, como un mancuniano tratando de adaptarse a Chiapas, como un piojo en la cabeza de un calvo, sin nada a lo que aferrarnos. Sin nada que nos haga creer en tiempos mejores.
Nos han pasado tantas veces por la cabeza la liendrera de la hipocresía que sus mentiras han llegado a penetrar en nuestras cabezas, como dogma universal sin derecho a réplica, ni siquiera a razonamiento. Como un algo absoluto que hemos de asumir, aceptar con dócil servilismo, so pena de guillotina, si no literal, metafórica. O comulgamos con ello, o cercenan de un preciso tajo nuestras ganas de estar vivos, o, cuando menos, las de pelear contra un sistema que continuamente trata de aplastarnos.
Pero amigos, como decía, nos hemos vuelto adictos a esta incertidumbre, a esta inestabilidad inmarcesible. Nos atrae cual potente electroimán hacia ese vórtice de entropía en el que se ha convertido la democracia de este país descabezado y cojo. Como padeciendo un inquebrantable síndrome de Estocolmo.
Mientras tanto, ellos seguirán viviendo del cuento. De las rentas. De NUESTRAS rentas.
Y nosotros lo permitimos.
¿Hasta cuando?
He visto nacer bebés en menos tiempo.
Pero nos hemos vuelto adictos a esto. A los debates de investidura. A esta demagogia interdisciplinar que se ha vuelto cíclica, como un mantra eterno que nos vemos condenados a repetir cada unos cuantos meses, como una ola que va y viene de la playa, en una eterna marea (y resaca, qué resaca).
Y se ha convertido en algo tan normal que lo aceptamos sin rechistar. Sin padecer. Sin que se nos escape siquiera una gota de pis. Es algo tan normal, tan habitual como respirar. Que ya no sé si es que se nos han acabado las ganas de pelear, la rabia, el instinto de resistencia, o es simplemente que nos come la desidia. La pesadumbre. La apatía más soberana.
Nos vemos doblegados por esa pertinaz procrastinación que nos hace esperar una y otra vez por lo mismo, intentando adaptarnos a unas circunstancias que nos son hostiles e hirientes, como un mancuniano tratando de adaptarse a Chiapas, como un piojo en la cabeza de un calvo, sin nada a lo que aferrarnos. Sin nada que nos haga creer en tiempos mejores.
Nos han pasado tantas veces por la cabeza la liendrera de la hipocresía que sus mentiras han llegado a penetrar en nuestras cabezas, como dogma universal sin derecho a réplica, ni siquiera a razonamiento. Como un algo absoluto que hemos de asumir, aceptar con dócil servilismo, so pena de guillotina, si no literal, metafórica. O comulgamos con ello, o cercenan de un preciso tajo nuestras ganas de estar vivos, o, cuando menos, las de pelear contra un sistema que continuamente trata de aplastarnos.
Pero amigos, como decía, nos hemos vuelto adictos a esta incertidumbre, a esta inestabilidad inmarcesible. Nos atrae cual potente electroimán hacia ese vórtice de entropía en el que se ha convertido la democracia de este país descabezado y cojo. Como padeciendo un inquebrantable síndrome de Estocolmo.
Mientras tanto, ellos seguirán viviendo del cuento. De las rentas. De NUESTRAS rentas.
Y nosotros lo permitimos.
¿Hasta cuando?
lunes, 29 de agosto de 2016
DE ÍDOLOS Y MACHOS ALFA
La inocencia de la infancia... ¡Bendita inocencia!
Y qué diferentes se ven las cosas según si fuiste niño o niña, ¿verdad?
Yo recuerdo con ternura los tiempos de mi niñez, aquellos tiempos carentes de responsabilidades y problemas, en los que todo era diversión y despreocupación. Recuerdo aquellos tiempos en los que el peligro más grande al que te podías enfrentar era cuando el matón de turno de tu clase te decía "A la salida te espero", como frase lapidaria, como pre-epitafio... Y que luego se saldaba con ir juntos a cazar lagartijas.
Eran tiempos de idolatrar a leyendas. A Julen Guerrero, Butragueño o Stoichkov. A Hannibal Smith, M.A. Barracus o McGyver. A Mike Donovan. A Óliver Atom y Benji Price. A Magic Johnson, Michael Jordan o Larry Bird. A Jorge Martínez "Aspar". A Gordi y a Sloth. A Ray, Peter, Egon y Winston. A Han y a Luke. A ese emérito Superman interpretado por Christopher Reeve. A Ralph Hinkley, también conocido como "El gran héroe americano". A John Rambo. E incluso a la súper-abuela.
Pero si había un personaje dominante, un macho alfa que todos los niños queríamos ser, si había alguien a quien quisiéramos parecernos era el aparcacoches de los autos de choque. Un mito viviente.
Era un personaje inigualable. Rondaría los 20 años, cosa que para nosotros, niños de 8 ó 9 años era un adulto en toda regla. Con sus vaqueros desgastados, su camiseta imperio, su pitillo a medio consumir en los labios, y esos músculos de montar y desmontar pistas de autos de choque por toda la geografía española, dependiendo de dónde fueran las fiestas de turno. Y con aquella pericia que le permitía hacer cosas para nosotros inimaginables. Nosotros, que casi nos costaba montarnos en el auto de choque y coger la posición, observábamos con admiración cómo aquel ser mitológico, con un pie en el asiento y el otro en el volante, agarrado con una mano a la barra de la banderita del coche, y sujetando con la otra su cigarro, aparcaba los coches con total rapidez entre bocina y bocina para que no estuvieran en medio cuando arrancara el turno nuevo. Era capaz de girar el volante con el pie hasta dejar los coches perfectamente aparcados, mientras nosotros lo admirábamos petrificados mientras oíamos de fondo (invariablemente) a Modern Talking y a los Camela.
Eran otros tiempos, éramos impresionables. Pero aquel macarrilla fue ese semi-Dios que todos quisimos ser, pues no solo tenía habilidades que todos deseábamos, si no que además era el chico a las que todas las niñas de nuestra edad querían de novio, con lo que eso implicaba, que era que todos los demás no nos comiéramos una rosca.
Hoy en día, las cosas han cambiado. Aquel malote que aparcaba los coches de choque con el pie ha sido sustituido por un yonki desdentado que apenas se tiene en pie.
¿Y nosotros? Nosotros seguimos sin comernos una rosca.
Y qué diferentes se ven las cosas según si fuiste niño o niña, ¿verdad?
Yo recuerdo con ternura los tiempos de mi niñez, aquellos tiempos carentes de responsabilidades y problemas, en los que todo era diversión y despreocupación. Recuerdo aquellos tiempos en los que el peligro más grande al que te podías enfrentar era cuando el matón de turno de tu clase te decía "A la salida te espero", como frase lapidaria, como pre-epitafio... Y que luego se saldaba con ir juntos a cazar lagartijas.
Eran tiempos de idolatrar a leyendas. A Julen Guerrero, Butragueño o Stoichkov. A Hannibal Smith, M.A. Barracus o McGyver. A Mike Donovan. A Óliver Atom y Benji Price. A Magic Johnson, Michael Jordan o Larry Bird. A Jorge Martínez "Aspar". A Gordi y a Sloth. A Ray, Peter, Egon y Winston. A Han y a Luke. A ese emérito Superman interpretado por Christopher Reeve. A Ralph Hinkley, también conocido como "El gran héroe americano". A John Rambo. E incluso a la súper-abuela.
Pero si había un personaje dominante, un macho alfa que todos los niños queríamos ser, si había alguien a quien quisiéramos parecernos era el aparcacoches de los autos de choque. Un mito viviente.
Era un personaje inigualable. Rondaría los 20 años, cosa que para nosotros, niños de 8 ó 9 años era un adulto en toda regla. Con sus vaqueros desgastados, su camiseta imperio, su pitillo a medio consumir en los labios, y esos músculos de montar y desmontar pistas de autos de choque por toda la geografía española, dependiendo de dónde fueran las fiestas de turno. Y con aquella pericia que le permitía hacer cosas para nosotros inimaginables. Nosotros, que casi nos costaba montarnos en el auto de choque y coger la posición, observábamos con admiración cómo aquel ser mitológico, con un pie en el asiento y el otro en el volante, agarrado con una mano a la barra de la banderita del coche, y sujetando con la otra su cigarro, aparcaba los coches con total rapidez entre bocina y bocina para que no estuvieran en medio cuando arrancara el turno nuevo. Era capaz de girar el volante con el pie hasta dejar los coches perfectamente aparcados, mientras nosotros lo admirábamos petrificados mientras oíamos de fondo (invariablemente) a Modern Talking y a los Camela.
Eran otros tiempos, éramos impresionables. Pero aquel macarrilla fue ese semi-Dios que todos quisimos ser, pues no solo tenía habilidades que todos deseábamos, si no que además era el chico a las que todas las niñas de nuestra edad querían de novio, con lo que eso implicaba, que era que todos los demás no nos comiéramos una rosca.
Hoy en día, las cosas han cambiado. Aquel malote que aparcaba los coches de choque con el pie ha sido sustituido por un yonki desdentado que apenas se tiene en pie.
¿Y nosotros? Nosotros seguimos sin comernos una rosca.
miércoles, 24 de agosto de 2016
DECONSTRÚYEME ESTA
Es "trendy". Es "fashion". Es "de fusión". Es "creativo". Es "de deconstrucción".
Es una puta mierda pinchada en un palo.
¿Cuántas veces hemos entrado en un restaurante de los caros, de los que aparecen como recomendación en las guías de tendencias y hemos tenido que parar en un kebab nada más salir de allí por habernos quedado con hambre?
Todo empezó a irse a la mierda con la invención de la "nueva cocina". Todo empezó a irse a la mierda cuando empezaron a utilizarse los platos cuadrados. Todo empezó a irse a la mierda cuando ingredientes como el nitrógeno líquido o herramientas como el espumificador empezaron a convertirse en imprescindibles en el mundo de la gastronomía.
Camareros vestidos por Agatha Ruiz de la Prada, con sus pajaritas verdes y sus mandiles rosas te reciben con una sonrisa, en locales que, a primera vista, podrían ser un decorado de cualquier nave de Star Wars o la nave industrial más antigua de la ciudad. Vanguardistas, postmodernistas, vayaustedalamierdistas.
Comida minúscula servida en platos gigantescos, con ese chorrito de salsa, debidamente dispersado con un biberón, que no sabes si acompaña al plato para darle sabor o es simplemente la rúbrica garabateada del chef de turno, tratando de conseguir esa notoriedad que su ego le pide. Música chill-out after-punk como hilo musical. Olor a esencia de lavanda de vainilla de Madagascar de mis cojones resudaos. Vaya tela, amigos. ¡Que yo he venido a comer, oiga! Y si he venido a comer, es porque tengo hambre. HAMBRE. ¿Captan ustedes el concepto? ¿Qué les hace pensar que UN guisante relleno puede saciar mi apetito?
E iremos más allá. No hace mucho he visto restaurantes que ofertan catas de agua. ¡DE AGUA!.
A mí me enseñaron de pequeño que el agua, por definición, es un elemento líquido inodoro e insípido. Es decir, que ni huele ni sabe a nada. NO SABE A NADA. ¿Cómo demonios ofreces una cata de algo que no sabe a nada? Es más, ¿cómo pretendes que me deleite con sus matices y aprecie si una es mejor que otra? ¿Qué será lo próximo? ¿Que cada camarero te tire un pedo en la cara y valores las diferencias entre sus diferentes aromas, dependiendo de lo que haya comido cada uno?
Yo, amigos, prefiero meterme al típico bar (ya ni restaurante, BAR) donde cuelgan suculentos jamones y chorizos ibéricos tras la barra, donde huele a potaje desde tres calles más allá, y donde el camarero lleva un delantal con unas manchas de grasa que probablemente salieron de un asado que se le sirvió a Don Miguel de Cervantes. Y siguen ahí. El típico bar donde no te sacan un plato, te sacan directamente la olla para que te sirvas. El típico bar donde si pides un bocadillo, tienes que llamar a la quinta división acorazada, la plantilla completa del Real Murcia y la tuna de la universidad de Salamanca para compartirlo si quieres tener la más mínima esperanza de acabártelo. El típico bar donde ese menú, con el que podrías dar de cenar a 4 familias enteras (con cuñaos y todo) el día de nochebuena, y cuyo precio es igual al que te cobran en un restaurante de fusión nada más que por darte los buenos días.
Señores, con las cosas de comer no se juega. Seamos serios.
¡Bon appetit!
Es una puta mierda pinchada en un palo.
¿Cuántas veces hemos entrado en un restaurante de los caros, de los que aparecen como recomendación en las guías de tendencias y hemos tenido que parar en un kebab nada más salir de allí por habernos quedado con hambre?
Todo empezó a irse a la mierda con la invención de la "nueva cocina". Todo empezó a irse a la mierda cuando empezaron a utilizarse los platos cuadrados. Todo empezó a irse a la mierda cuando ingredientes como el nitrógeno líquido o herramientas como el espumificador empezaron a convertirse en imprescindibles en el mundo de la gastronomía.
Camareros vestidos por Agatha Ruiz de la Prada, con sus pajaritas verdes y sus mandiles rosas te reciben con una sonrisa, en locales que, a primera vista, podrían ser un decorado de cualquier nave de Star Wars o la nave industrial más antigua de la ciudad. Vanguardistas, postmodernistas, vayaustedalamierdistas.
Comida minúscula servida en platos gigantescos, con ese chorrito de salsa, debidamente dispersado con un biberón, que no sabes si acompaña al plato para darle sabor o es simplemente la rúbrica garabateada del chef de turno, tratando de conseguir esa notoriedad que su ego le pide. Música chill-out after-punk como hilo musical. Olor a esencia de lavanda de vainilla de Madagascar de mis cojones resudaos. Vaya tela, amigos. ¡Que yo he venido a comer, oiga! Y si he venido a comer, es porque tengo hambre. HAMBRE. ¿Captan ustedes el concepto? ¿Qué les hace pensar que UN guisante relleno puede saciar mi apetito?
E iremos más allá. No hace mucho he visto restaurantes que ofertan catas de agua. ¡DE AGUA!.
A mí me enseñaron de pequeño que el agua, por definición, es un elemento líquido inodoro e insípido. Es decir, que ni huele ni sabe a nada. NO SABE A NADA. ¿Cómo demonios ofreces una cata de algo que no sabe a nada? Es más, ¿cómo pretendes que me deleite con sus matices y aprecie si una es mejor que otra? ¿Qué será lo próximo? ¿Que cada camarero te tire un pedo en la cara y valores las diferencias entre sus diferentes aromas, dependiendo de lo que haya comido cada uno?
Yo, amigos, prefiero meterme al típico bar (ya ni restaurante, BAR) donde cuelgan suculentos jamones y chorizos ibéricos tras la barra, donde huele a potaje desde tres calles más allá, y donde el camarero lleva un delantal con unas manchas de grasa que probablemente salieron de un asado que se le sirvió a Don Miguel de Cervantes. Y siguen ahí. El típico bar donde no te sacan un plato, te sacan directamente la olla para que te sirvas. El típico bar donde si pides un bocadillo, tienes que llamar a la quinta división acorazada, la plantilla completa del Real Murcia y la tuna de la universidad de Salamanca para compartirlo si quieres tener la más mínima esperanza de acabártelo. El típico bar donde ese menú, con el que podrías dar de cenar a 4 familias enteras (con cuñaos y todo) el día de nochebuena, y cuyo precio es igual al que te cobran en un restaurante de fusión nada más que por darte los buenos días.
Señores, con las cosas de comer no se juega. Seamos serios.
¡Bon appetit!
viernes, 19 de agosto de 2016
POR PALABRAS...
Abres los ojos para asomarte al mundo.
Demasiada luz.
Cierras los ojos.
Abres los ojos, esta vez con más cautela, para mirar el reloj.
Las 16:48h.
Cierras los ojos.
Abres los ojos sin recordar saber muy bien dónde tienes el norte, ni cómo coño has llegado hasta allí.
A tu lado, una palangana, llena de vaya usted a saber qué materia viscosa.
Cierras los ojos.
Abres los ojos intentando recuperar la verticalidad.
¿Resaca? Improbable, ¿no eras abstemio?
Cierras los ojos.
Abres los ojos y esta vez sí, te incorporas. Empiezas a otear tu alrededor y comprendes que esa es tu habitación, la de tu casa, la de toda la vida, pero sigues sin poder recordar ni cómo llegaste hasta ella, ni qué demonios pasó anoche. Flashes vienen a tu cabeza, imágenes confusas, vagos recuerdos, tan nublados que no sabes si pertenecen a tus vivencias de la noche anterior o a los delirantes sueños que probablemente te hayan asaltado durante la noche y la mañana (y parte de la tarde, maldita sea!)
Recuerdas tu cara, o lo que sería una sigourneyweaverización de tu cara (como en la película de Alien, con el bicho sacando los dientes junto a tu rostro) con el esternocleidomastoideo como una morcilla de Burgos. Pero, ¿qué pudo conducirte a ese estado?
Te metes bajo la alcachofa de la ducha para despejarte y las imágenes, antes desordenadas, empiezan a encajar como las piezas de un puzzle. Recuerdas fechas aparentemente desordenadas e incoherentes... 30/08/2016... 25/12/2016... ¿Qué mierda quieren decir?
Y entonces lo ves claro: Recuerdas la cara de Ana Pastor en la tele (la ministra, no la otra esa que se mola mucho a sí misma) anunciando que el debate para la sesión de investidura será celebrado el día 30 de agosto, pero que si Rajoy no sale investido, las elecciones (las terceras, amigos) serán celebradas el 25 de diciembre (fum, fum, fum) por la gracia de Dios y del PP. Y recuerdas que, tras el descojono inicial, las sensaciones fueron dos: Una, un revoltijo de estómago similar al que puedes sentir tras cepillarte sin compasión 4 kilos de brócoli, y la otra, la sensación de que te están introduciendo por vía rectal algo de mayor calibre que un plátano maduro. Sin cloroformo. A pelo. Y sin la menor delicadeza.
Quizá eso explique la palangana, y sobre todo, su contenido.
Si quisimos hacer la revolución contra una clase política que nos estafa y nos roba, esta, sin duda, es su contrarrevolución. ¿No queríais caldo? Pues tomad, siete tazas. Y ahora, volved a votarnos, que a nosotros ya nos va bien.
En fin, menos mal que siempre nos quedará el Athletic...
Demasiada luz.
Cierras los ojos.
Abres los ojos, esta vez con más cautela, para mirar el reloj.
Las 16:48h.
Cierras los ojos.
Abres los ojos sin recordar saber muy bien dónde tienes el norte, ni cómo coño has llegado hasta allí.
A tu lado, una palangana, llena de vaya usted a saber qué materia viscosa.
Cierras los ojos.
Abres los ojos intentando recuperar la verticalidad.
¿Resaca? Improbable, ¿no eras abstemio?
Cierras los ojos.
Abres los ojos y esta vez sí, te incorporas. Empiezas a otear tu alrededor y comprendes que esa es tu habitación, la de tu casa, la de toda la vida, pero sigues sin poder recordar ni cómo llegaste hasta ella, ni qué demonios pasó anoche. Flashes vienen a tu cabeza, imágenes confusas, vagos recuerdos, tan nublados que no sabes si pertenecen a tus vivencias de la noche anterior o a los delirantes sueños que probablemente te hayan asaltado durante la noche y la mañana (y parte de la tarde, maldita sea!)
Recuerdas tu cara, o lo que sería una sigourneyweaverización de tu cara (como en la película de Alien, con el bicho sacando los dientes junto a tu rostro) con el esternocleidomastoideo como una morcilla de Burgos. Pero, ¿qué pudo conducirte a ese estado?
Te metes bajo la alcachofa de la ducha para despejarte y las imágenes, antes desordenadas, empiezan a encajar como las piezas de un puzzle. Recuerdas fechas aparentemente desordenadas e incoherentes... 30/08/2016... 25/12/2016... ¿Qué mierda quieren decir?
Y entonces lo ves claro: Recuerdas la cara de Ana Pastor en la tele (la ministra, no la otra esa que se mola mucho a sí misma) anunciando que el debate para la sesión de investidura será celebrado el día 30 de agosto, pero que si Rajoy no sale investido, las elecciones (las terceras, amigos) serán celebradas el 25 de diciembre (fum, fum, fum) por la gracia de Dios y del PP. Y recuerdas que, tras el descojono inicial, las sensaciones fueron dos: Una, un revoltijo de estómago similar al que puedes sentir tras cepillarte sin compasión 4 kilos de brócoli, y la otra, la sensación de que te están introduciendo por vía rectal algo de mayor calibre que un plátano maduro. Sin cloroformo. A pelo. Y sin la menor delicadeza.
Quizá eso explique la palangana, y sobre todo, su contenido.
Si quisimos hacer la revolución contra una clase política que nos estafa y nos roba, esta, sin duda, es su contrarrevolución. ¿No queríais caldo? Pues tomad, siete tazas. Y ahora, volved a votarnos, que a nosotros ya nos va bien.
En fin, menos mal que siempre nos quedará el Athletic...
martes, 16 de agosto de 2016
GOD BLESS EIGHTIES!!
¡Qué fácil es bajarse música usando el torrent! ¿Verdad, amigos?
Sentáos aquí, en mi regazo, junto al fuego, que os voy a contar una historia de una época muy muy remota, en la que el ser humano comenzaba a dar pasitos en el intrincado mundo de la tecnología...
Hubo una época, queridos niños, cuando la humanidad aún iba en pañales, en la que teníamos que ingeniárnoslas de otro modo si queríamos conseguir la canción que lo petaba en el momento, y eso requería altas dosis de paciencia y algo de ingenio... y un radiocassette. Sí, un radiocassette, amigos. Es objeto del que quizá hayáis oído hablar a vuestros padres, que consistía, como su propio nombre indica, en un aparato que incluía ambas funciones: Radio y Cassette.
Por aquel entonces podías comprar cintas vírgenes en las tiendas de fotos (sí, había que llevar las fotos a revelar, no eran digitales; y lo que es aún más sorprendente: no había tiendas de chinos ni sus primigenios "Todo a cien", las cosas se compraban en tiendas especializadas) que se presentaban, básicamente, en tres formatos: de 46, de 60 y de 90. (Los nombres hacían referencia a la cantidad de minutos de audio que podías grabar en cada una de ellas).
El método, tan rudimentario como tedioso y efectivo, consistía en comprar una cinta virgen y ponerla dentro del cassette (que tenía un botón REC, para grabar, normalmente de color rojo, y que generalmente había que pulsar simultáneamente con el PLAY, y que iba más duro que los demás), enchufar la radio en tu emisora favorita y sentarte a esperar a que al locutor de turno le diera por pinchar la canción que te molaba. A veces transcurrían muchas horas hasta que eso sucedía, y mientras tanto ibas grabando todo lo que iba poniendo (a veces te quedabas sin minutos para cuando llegaba la canción que estabas esperando).
Tal y como ocurre hoy en día, el locutor empezaba a presentar la canción que iba a sonar (y claro, tú tratabas de adivinar cuál era por lo que iba diciendo, para no perder ni un segundo en empezar a grabar en cuanto sonara) y tú solo pensabas "cállateyacállateyacállateya", para darle al REC y al PLAY en cuanto se callara. Y cuando esto sucedía, generalmente ya habían pasado 15 o 20 segundos del principio de la canción, con lo cual, empezaba cortada. Y lo peor no era eso, lo peor es que el muy bocazas, normalmente, empezaba a hablar también antes de que acabara la canción, con lo cual te jodía también unos segundos del final. Y así teníamos todas las canciones. Cojas.
Lo bueno que tenía este sistema (algo bueno tenía que tener) es que solo con comprar una cinta, tenías para miles de grabaciones, pues, al contrario que los CDs, se podía borrar y volver a grabar encima, utilizando una sofisticada técnica que consistía en ocluir los agujeros que tenían las cintas en la parte superior (originalmente cubiertos por unas pestañas, cuando la cinta era virgen, que se rompían para no grabar encima por accidente) utilizando bolitas de papel o tiras de cinta adhesiva. Y una vez ocluídos los orificios, ¡voilá!, la cinta volvía a ser virgen. (Esto hacía que cualquier cinta, incluso las compradas originales de cualquier grupo o cantante, fueran susceptibles de ser usadas como cintas vírgenes. Cuántas broncas por haber grabado canciones de Seguridad Social o Europe encima de cintas de Pablo Milanés de mis padres no me habré llevado...)
Ese era el sistema. Y éramos felices.
Pero entonces llegó un avance inimaginable: el radiocassette con doble pletina. DOBLE PLETINA. Dos espacios para meter cassettes. Generalmente uno era el reproductor, y el otro incluía el botón rojo de REC.
Ese avance hizo que nos convirtiéramos en piratas a gran escala. Ya no solo nos "bajábamos" música de la radio. Nos dio la potestad de copiar cintas que nos pasaban los colegas, o incluso compartir con ellos nuestras maravillosas recopilaciones de canciones "descargadas". Bastaba con meter la cinta "original" en el reproductor y la virgen en el "grabador", y darle simultáneamente al PLAY del reproductor, y al PLAY y al REC del grabador. Todo un alarde de sincronización, pero que valía la pena... Después de esperar toda (sí, TODA) la duración de la cinta (y si no se había enganchado, rayado, parado...) tenías tu maravillosa copia, lista para ser disfrutada.
En fin, era todo un mundo... en posteriores entradas ya os explicaré los sucesivos avances que hubo en este campo...
No os grabéis esta entrada en cinta, por favor, que me ha costado mucho escribirla.
sábado, 13 de agosto de 2016
DEMAGOGIA Y OTRAS MIERDAS.
Últimamente se ha puesto muy de moda decir lo solidarios que somos, lo mucho que apoyamos a los desfavorecidos, lo tremendamente humanitarios que podemos llegar a ser... Muchos diréis que es la sociedad, que avanza. Que el ser humano está volviéndose más bueno. Que nos hemos vuelto altruístas y generosos gracias a la concienciación cívica.
¡NO!
El ser humano es egoísta por naturaleza. El ser humano te va a pisotear si con ello puede obtener un beneficio, e incluso, muchas veces, sin obtener nada a cambio, solo porque solo piensa en sí mismo sin importarle lo más mínimo cómo afecte al resto de las personas.
Lo que ha crecido en los últimos tiempos no es la solidaridad ni el altruísmo. Lo que ha crecido tiene otro nombre: POSTUREO.
Se ven cada vez más fotos de gente famosa (o no tan famosa) junto a los más desfavorecidos. Fotos junto a gente con el síndrome de down, junto a pobres, enfermos, junto a gente que inspira ternura, y todo ello aderezado con comentarios emotivos dignos de la prensa más amarillista, del tipo: "No sabéis lo bonito que es que te abrace una persona con síndrome de down, pues sabes que su abrazo es sincero". Obvio, amigos.
La verdad es que todo eso es cierto, pero, ¿qué necesidad tenemos de exhibir públicamente esas "hazañas"? Yo, personalmente, tengo amigos con enfermedades incurables, he conocido el umbral de la pobreza, y por supuesto, conozco a gente afectada por el síndrome de down. Conozco a gente que ha pasado por todo tipo de desdichas, y les he apoyado, ayudado o mostrado mi solidaridad en la medida de lo posible. Lo que me sobra es la foto con su comentario remueveconciencias. Jamás me he hecho una foto para subirla a las redes sociales, para que la gente me dé palmaditas en la espalda por mi buena fe.
Ser solidario mola. Ser sensible mola. Exhibirlo es postureo. Es buscar aprobación.
Y luego están los famosos y famosillos que hacen campaña porque "tal niña tiene una enfermedad congénita incurable. #TodosSomosEsaNiña."
Esa niña está pasando por un drama personal, pero por un motivo u otro, ha tenido la "suerte" de que su caso concreto se haga famoso o incluso viral. Pero estoy seguro de que hay muchos más niños en su situación a los que no se les ha dado tanto bombo. ¿Por qué no #TodosSomosTambiénTodosEsosOtrosNiños? Es más, ya que eres famoso y tienes dinero, ¿por qué no haces algo más por esa niña que poner un hashtag en una red social?
En fin, que no os lo creáis. Que no somos más solidarios ni estamos más concienciados.
Solo nos gusta exhibirlo más.
Pero a mí, no.
Seguiré apoyando y ayudando a quien crea que lo merece, en la medida de mis posibilidades, pero nunca veréis una foto mía junto a "un desfavorecido", porque no quiero medallitas.
El que quiera medallas, que se sacrifique, se machaque a entrenar durante toda su vida, y se apunte a los juegos olímpicos.
Para lo demás, humildad y trabajo silencioso.
¡NO!
El ser humano es egoísta por naturaleza. El ser humano te va a pisotear si con ello puede obtener un beneficio, e incluso, muchas veces, sin obtener nada a cambio, solo porque solo piensa en sí mismo sin importarle lo más mínimo cómo afecte al resto de las personas.
Lo que ha crecido en los últimos tiempos no es la solidaridad ni el altruísmo. Lo que ha crecido tiene otro nombre: POSTUREO.
Se ven cada vez más fotos de gente famosa (o no tan famosa) junto a los más desfavorecidos. Fotos junto a gente con el síndrome de down, junto a pobres, enfermos, junto a gente que inspira ternura, y todo ello aderezado con comentarios emotivos dignos de la prensa más amarillista, del tipo: "No sabéis lo bonito que es que te abrace una persona con síndrome de down, pues sabes que su abrazo es sincero". Obvio, amigos.
La verdad es que todo eso es cierto, pero, ¿qué necesidad tenemos de exhibir públicamente esas "hazañas"? Yo, personalmente, tengo amigos con enfermedades incurables, he conocido el umbral de la pobreza, y por supuesto, conozco a gente afectada por el síndrome de down. Conozco a gente que ha pasado por todo tipo de desdichas, y les he apoyado, ayudado o mostrado mi solidaridad en la medida de lo posible. Lo que me sobra es la foto con su comentario remueveconciencias. Jamás me he hecho una foto para subirla a las redes sociales, para que la gente me dé palmaditas en la espalda por mi buena fe.
Ser solidario mola. Ser sensible mola. Exhibirlo es postureo. Es buscar aprobación.
Y luego están los famosos y famosillos que hacen campaña porque "tal niña tiene una enfermedad congénita incurable. #TodosSomosEsaNiña."
Esa niña está pasando por un drama personal, pero por un motivo u otro, ha tenido la "suerte" de que su caso concreto se haga famoso o incluso viral. Pero estoy seguro de que hay muchos más niños en su situación a los que no se les ha dado tanto bombo. ¿Por qué no #TodosSomosTambiénTodosEsosOtrosNiños? Es más, ya que eres famoso y tienes dinero, ¿por qué no haces algo más por esa niña que poner un hashtag en una red social?
En fin, que no os lo creáis. Que no somos más solidarios ni estamos más concienciados.
Solo nos gusta exhibirlo más.
Pero a mí, no.
Seguiré apoyando y ayudando a quien crea que lo merece, en la medida de mis posibilidades, pero nunca veréis una foto mía junto a "un desfavorecido", porque no quiero medallitas.
El que quiera medallas, que se sacrifique, se machaque a entrenar durante toda su vida, y se apunte a los juegos olímpicos.
Para lo demás, humildad y trabajo silencioso.
martes, 9 de agosto de 2016
GUÍA DE SUPERVIVENCIA PARA NO-BILBAINOS EN ASTE NAGUSIA.
Estamos llegando a mediados de agosto y se aproxima una fecha ineludible para los amantes de las grandes fiestas: La ASTE NAGUSIA (Semana Grande) de Bilbao.
Muchos la habréis visitado ya en alguna ocasión, pero para los neófitos, y aquellos que hayáis cumplido hace poco la mayoría de edad, y por tanto, vaya a ser la primera vez que asistáis a la madre de todas las fiestas populares de España, os dejo aquí un pequeño manual de supervivencia para que, una vez acabado el gran despiporre, podáis volver enteros (o casi) a vuestros respectivos lugares de origen.
1) NO INTENTÉIS BAJO NINGÚN CONCEPTO SEGUIR EL RITMO DE UN BILBAINO.
Los vascos están locos y son peligrosos. Comen mucho, beben más, y, llegadas las fiestas de Bilbao, apenas duermen. Tratar de beber copas a la misma velocidad que ellos puede desembocar en un irreversible coma etílico. Tratar de comer lo que ellos llaman "un pequeño refrigerio" te puede dejar con el estómago destrozado para el resto de las fiestas. Haced como los ciclistas: coged un ritmo en el que vayáis cómodos, y, por mucho que ellos aumenten el ritmo, vosotros poco a poco, aguantad vuestra cadencia para no desfondaros.
2) EN ASTE NAGUSIA NO SE DUERME, SOLO SE COMO Y SE BEBE:
El horario oficial de los bilbainos durante estos días de jolgorio y algarabía es el siguiente: A las 12 del mediodía, empieza la ronda de txikiteo (ir de vinitos y pintxos por los bares). A la una y media, el marianito (también conocido como "vermú" en otras regiones de España). A las dos y media, comida. Txuletones regados con sidra y vino de Rioja. A las cuatro de la tarde, la partida de mus, con sus respectivas copas de patxarán o coñac, a gusto del consumidor. A las siete, con la partida recién acabada, vuelta a la ronda de txikiteo y zuritos (cervezas en vaso de vino, para contemporizar). A las nueve y media, cena. Otra frugal comidita de la que muchos saldréis empachados. A las 11 de la noche, fuegos artificiales. Todo el mundo a la calle a ver los fuegos, con la correspondiente litrada de kalimotxo fresquito. A las 12 y media, concierto, y más litros. A las dos, copas y copas. A las cuatro, bocata de lomo con pimientos de la txosna (como las casetas del resto de España, pero en tamaño XXL). Luego, copas y copas hasta las 7 de la mañana en la que se desayuna chocolate con txurros o café y pintxo de tortilla (muy recomendables los del Bar "La Tortilla", junto a la plaza del Ayuntamiento), y después, vuelta a empezar el ciclo.
3) MARIJAIA:
La santa madre patrona de las fiestas. Para los no duchos en estos temas, es un muñeco de una señora con los brazos levantados que iréis divisando en diferentes puntos de la geografía bilbaina a lo largo de las fiestas. No temáis, no muerde. Y veneradla como si fuera vuestra santísima madre, pues cualquier intento de barbarie contra ella (incluso la más leve falta de respeto) puede ser castigado con un linchamiento masivo por parte de toda la población de la ilustre y noble villa de Bilbao (y son muchos, oiga).
4) LA MISTELA Y EL ZURRACAPOTE NO SUBEN, APENAS TIENEN ALCOHOL:
¡¡¡MENTIRA!!! Huid de ellos como del mismísimo demonio. Son bebidas dulces que, fresquitas, entran muy bien y acompañan y visten perfectamente a cualquier pintxo pero, ¡ojo!, cuando queráis daros cuenta llevaréis un pedo de los que hacen época. Desconfiad de los comentarios envalentonados de la población local (recordad, ellos son vascos y vosotros no. Ellos carecen de hígado).
5) EL BOCATA "ESPECIAL" DE LAS TXOSNAS ENTRA DE PUTA MADRE:
Esa vianda conocida como "bokata especial", normalmente se compone de lomo, queso, pimientos, cebolla y, en ocasiones, de muchas más cosas. Aparte de tener la medida aproximada del antebrazo izquierdo de Rafa Nadal. Recuerda siempre que el estómago de los vascos está hecho del acero con el que se montan los barcos. Si eres de cualquier otra región, y con el cuerpo lleno de alcohol, probablemente te siente como comerte un saco de mármol de Macael.
6) ESTA NOCHE SALIMOS DE TRANKI QUE QUEDA TODAVÍA MUCHA ASTE NAGUSIA:
No caigáis en esta trampa mortal. Si bien la afirmación de que todavía quedan muchas fiestas es cierta, el concepto "salir de tranki" de un vasco difiere absolutamente del tuyo. "Un par de cervecitas y pa' casa" no es algo que un vasco pueda entender, para ellos "salir de tranki" es reducir de 25 a 15 los litros de alcohol ingeridos en una noche. Desconfiad. Siempre.
7) NUNCA USES LA FRASE "NO HAY HUEVOS" CON UN VASCO:
A menos que quieras que suceda lo que siga a la frase, pero recuerda: cuidado con lo que deseas, no sea que se cumpla. Además, el bilbaino siempre hará lo que vaya implícito en esa frase, pero tendrá su contrapartida. Puede que utilice después la misma estrategia contra ti, y caso de que tú no seas capaz de estar a la altura, serás tildado de nenaza por el resto de tu vida (y tus futuras reencarnaciones).
8) DI NO A LAS CHANCLAS:
Sé que es verano, que es más cómodo y más fresco ir en chanclas, pero la cantidad de dedos amputados y aplastados aumenta exponencialmente cada año en los turistas que osan adentrarse en la noche bilbaina. Recuerda que la población de Bilbao se multiplica por 5 o por 6 en estas fechas y que las calles se quedan pequeñas para acoger a tanta gente. Si quieres acercarte al menos una vez en toda la noche a una txosna a pedir algo de beber, y quieres volver con todos tus dedos de los pies, evita las chanclas por encima de todas las cosas.
9) NUNCA JAMÁS TE SIENTES EN EL SUELO:
No hay váter para tanta gente, y, por regla general, durante la Aste Nagusia, la ría, las esquinas, entre dos coches, los containers, ese trozo de césped, ese banco, la puerta del cajero (y que se joda el puto banco), el pórtico de la iglesia (y que se jodan los curas) son improvisados urinarios. Cualquier lugar que puedas imaginar es susceptible de haber sido utilizado como improvisado retrete, así que vigila donde descansas tus posaderas.
Y 10) SAL DE CASA CON LO IMPRESCINDIBLE:
Es probable que acabes más borracho que las ratas o atrapado en una aglomeración de gente. Lleva encima lo justo y necesario, es decir, aquellas cosas que, llegado el momento, podrías esconder en algún recoveco entre tu cuerpo y tus ropas. Todo lo demás, lo perderás o será robado por los amigos de lo ajeno. Aunque salgas incluso sin dinero, siempre encontrarás a alguien que comparta contigo su katxi (vaso de litro) de kalimotxo o que te invite a una copa. (Eso sí, no lo utilices como recurso habitual, que los vascos son generosos pero odian a los gorrones).
Si cumples a rajatabla este decálogo, tal vez consigas sobrevivir a los 9 días del año en los que Bilbao se convierte en la más peligrosa de las junglas y logres llegar de vuelta a tu pueblo/ciudad más o menos en las mismas condiciones en las que viniste.
Pero tampoco puedo garantizártelo.
Eso sí, te aseguro que vale la pena. Vivirás algo irrepetible, una de esas cosas que, al menos, una vez en la vida has de vivir, para poder contárselo a tus nietos.
Muchos la habréis visitado ya en alguna ocasión, pero para los neófitos, y aquellos que hayáis cumplido hace poco la mayoría de edad, y por tanto, vaya a ser la primera vez que asistáis a la madre de todas las fiestas populares de España, os dejo aquí un pequeño manual de supervivencia para que, una vez acabado el gran despiporre, podáis volver enteros (o casi) a vuestros respectivos lugares de origen.
1) NO INTENTÉIS BAJO NINGÚN CONCEPTO SEGUIR EL RITMO DE UN BILBAINO.
Los vascos están locos y son peligrosos. Comen mucho, beben más, y, llegadas las fiestas de Bilbao, apenas duermen. Tratar de beber copas a la misma velocidad que ellos puede desembocar en un irreversible coma etílico. Tratar de comer lo que ellos llaman "un pequeño refrigerio" te puede dejar con el estómago destrozado para el resto de las fiestas. Haced como los ciclistas: coged un ritmo en el que vayáis cómodos, y, por mucho que ellos aumenten el ritmo, vosotros poco a poco, aguantad vuestra cadencia para no desfondaros.
2) EN ASTE NAGUSIA NO SE DUERME, SOLO SE COMO Y SE BEBE:
El horario oficial de los bilbainos durante estos días de jolgorio y algarabía es el siguiente: A las 12 del mediodía, empieza la ronda de txikiteo (ir de vinitos y pintxos por los bares). A la una y media, el marianito (también conocido como "vermú" en otras regiones de España). A las dos y media, comida. Txuletones regados con sidra y vino de Rioja. A las cuatro de la tarde, la partida de mus, con sus respectivas copas de patxarán o coñac, a gusto del consumidor. A las siete, con la partida recién acabada, vuelta a la ronda de txikiteo y zuritos (cervezas en vaso de vino, para contemporizar). A las nueve y media, cena. Otra frugal comidita de la que muchos saldréis empachados. A las 11 de la noche, fuegos artificiales. Todo el mundo a la calle a ver los fuegos, con la correspondiente litrada de kalimotxo fresquito. A las 12 y media, concierto, y más litros. A las dos, copas y copas. A las cuatro, bocata de lomo con pimientos de la txosna (como las casetas del resto de España, pero en tamaño XXL). Luego, copas y copas hasta las 7 de la mañana en la que se desayuna chocolate con txurros o café y pintxo de tortilla (muy recomendables los del Bar "La Tortilla", junto a la plaza del Ayuntamiento), y después, vuelta a empezar el ciclo.
3) MARIJAIA:
La santa madre patrona de las fiestas. Para los no duchos en estos temas, es un muñeco de una señora con los brazos levantados que iréis divisando en diferentes puntos de la geografía bilbaina a lo largo de las fiestas. No temáis, no muerde. Y veneradla como si fuera vuestra santísima madre, pues cualquier intento de barbarie contra ella (incluso la más leve falta de respeto) puede ser castigado con un linchamiento masivo por parte de toda la población de la ilustre y noble villa de Bilbao (y son muchos, oiga).
4) LA MISTELA Y EL ZURRACAPOTE NO SUBEN, APENAS TIENEN ALCOHOL:
¡¡¡MENTIRA!!! Huid de ellos como del mismísimo demonio. Son bebidas dulces que, fresquitas, entran muy bien y acompañan y visten perfectamente a cualquier pintxo pero, ¡ojo!, cuando queráis daros cuenta llevaréis un pedo de los que hacen época. Desconfiad de los comentarios envalentonados de la población local (recordad, ellos son vascos y vosotros no. Ellos carecen de hígado).
5) EL BOCATA "ESPECIAL" DE LAS TXOSNAS ENTRA DE PUTA MADRE:
Esa vianda conocida como "bokata especial", normalmente se compone de lomo, queso, pimientos, cebolla y, en ocasiones, de muchas más cosas. Aparte de tener la medida aproximada del antebrazo izquierdo de Rafa Nadal. Recuerda siempre que el estómago de los vascos está hecho del acero con el que se montan los barcos. Si eres de cualquier otra región, y con el cuerpo lleno de alcohol, probablemente te siente como comerte un saco de mármol de Macael.
6) ESTA NOCHE SALIMOS DE TRANKI QUE QUEDA TODAVÍA MUCHA ASTE NAGUSIA:
No caigáis en esta trampa mortal. Si bien la afirmación de que todavía quedan muchas fiestas es cierta, el concepto "salir de tranki" de un vasco difiere absolutamente del tuyo. "Un par de cervecitas y pa' casa" no es algo que un vasco pueda entender, para ellos "salir de tranki" es reducir de 25 a 15 los litros de alcohol ingeridos en una noche. Desconfiad. Siempre.
7) NUNCA USES LA FRASE "NO HAY HUEVOS" CON UN VASCO:
A menos que quieras que suceda lo que siga a la frase, pero recuerda: cuidado con lo que deseas, no sea que se cumpla. Además, el bilbaino siempre hará lo que vaya implícito en esa frase, pero tendrá su contrapartida. Puede que utilice después la misma estrategia contra ti, y caso de que tú no seas capaz de estar a la altura, serás tildado de nenaza por el resto de tu vida (y tus futuras reencarnaciones).
8) DI NO A LAS CHANCLAS:
Sé que es verano, que es más cómodo y más fresco ir en chanclas, pero la cantidad de dedos amputados y aplastados aumenta exponencialmente cada año en los turistas que osan adentrarse en la noche bilbaina. Recuerda que la población de Bilbao se multiplica por 5 o por 6 en estas fechas y que las calles se quedan pequeñas para acoger a tanta gente. Si quieres acercarte al menos una vez en toda la noche a una txosna a pedir algo de beber, y quieres volver con todos tus dedos de los pies, evita las chanclas por encima de todas las cosas.
9) NUNCA JAMÁS TE SIENTES EN EL SUELO:
No hay váter para tanta gente, y, por regla general, durante la Aste Nagusia, la ría, las esquinas, entre dos coches, los containers, ese trozo de césped, ese banco, la puerta del cajero (y que se joda el puto banco), el pórtico de la iglesia (y que se jodan los curas) son improvisados urinarios. Cualquier lugar que puedas imaginar es susceptible de haber sido utilizado como improvisado retrete, así que vigila donde descansas tus posaderas.
Y 10) SAL DE CASA CON LO IMPRESCINDIBLE:
Es probable que acabes más borracho que las ratas o atrapado en una aglomeración de gente. Lleva encima lo justo y necesario, es decir, aquellas cosas que, llegado el momento, podrías esconder en algún recoveco entre tu cuerpo y tus ropas. Todo lo demás, lo perderás o será robado por los amigos de lo ajeno. Aunque salgas incluso sin dinero, siempre encontrarás a alguien que comparta contigo su katxi (vaso de litro) de kalimotxo o que te invite a una copa. (Eso sí, no lo utilices como recurso habitual, que los vascos son generosos pero odian a los gorrones).
Si cumples a rajatabla este decálogo, tal vez consigas sobrevivir a los 9 días del año en los que Bilbao se convierte en la más peligrosa de las junglas y logres llegar de vuelta a tu pueblo/ciudad más o menos en las mismas condiciones en las que viniste.
Pero tampoco puedo garantizártelo.
Eso sí, te aseguro que vale la pena. Vivirás algo irrepetible, una de esas cosas que, al menos, una vez en la vida has de vivir, para poder contárselo a tus nietos.
miércoles, 20 de julio de 2016
PERDER EL NORTE
Creo que hemos perdido el norte.
Definitivamente.
¿Por qué?, diréis. O pensaréis: "Ya te ha costado darte cuenta, so zoquete". En cualquiera de los dos casos, permitidme que me explique.
Se supone que evolucionamos como especie con el paso de los años, que cada vez estamos más desarrollados, con más avances científico-tecnológicos, en resumen, más capacitados. SE SUPONE.
En pleno año 2.016 hemos mitificado, hemos convertido en ídolos de masas a personajes cuyo único talento es ponerse delante de una cámara a hacer el capullo, o a expresar su opinión (en una infinidad de ocasiones, políticamente incorrecta), hasta el punto de convertirlos en estrellas de campañas publicitarias, o Trending Topics nacionales en Twitter.
Seamos serios. ¿Alguien cree que esos mandriles sin estudios son voces autorizadas a la hora de crear corrientes de opinión? ¿En serio estamos dejando que esa sub-especie (sí, hablo de los youtubers, por si aún había algún despistado que no sabía a quién me refería) sea quien controle lo que debemos pensar o hacer respecto a cualquier cosa?
Y eso no es lo peor, amigos. No solo les estamos dando una fama que no merecen (y que muchísimo menos se han ganado), si no que además, estamos permitiendo que nuestros hijos esperen ansiosamente cada nueva edición de sus videoblogs, cada nuevo vídeo subido a youtube. Estamos tolerando que se conviertan en sus fans. Estamos creando (criando) ceporros integrales. Y luego nos extrañamos de que el país cada vez vaya a peor.
Seamos cuidadosos, y no sigamos permitiendo este despropósito, porque en nuestras manos está.
Alguien es famoso cuando tiene gente detrás que le da fama. Alguien se cree una voz autorizada cuando tiene miles, cientos de miles de personas que lo respaldan.
No seamos parte del rebaño.
No permitamos esto...
No perdamos del todo el norte.
Definitivamente.
¿Por qué?, diréis. O pensaréis: "Ya te ha costado darte cuenta, so zoquete". En cualquiera de los dos casos, permitidme que me explique.
Se supone que evolucionamos como especie con el paso de los años, que cada vez estamos más desarrollados, con más avances científico-tecnológicos, en resumen, más capacitados. SE SUPONE.
En pleno año 2.016 hemos mitificado, hemos convertido en ídolos de masas a personajes cuyo único talento es ponerse delante de una cámara a hacer el capullo, o a expresar su opinión (en una infinidad de ocasiones, políticamente incorrecta), hasta el punto de convertirlos en estrellas de campañas publicitarias, o Trending Topics nacionales en Twitter.
Seamos serios. ¿Alguien cree que esos mandriles sin estudios son voces autorizadas a la hora de crear corrientes de opinión? ¿En serio estamos dejando que esa sub-especie (sí, hablo de los youtubers, por si aún había algún despistado que no sabía a quién me refería) sea quien controle lo que debemos pensar o hacer respecto a cualquier cosa?
Y eso no es lo peor, amigos. No solo les estamos dando una fama que no merecen (y que muchísimo menos se han ganado), si no que además, estamos permitiendo que nuestros hijos esperen ansiosamente cada nueva edición de sus videoblogs, cada nuevo vídeo subido a youtube. Estamos tolerando que se conviertan en sus fans. Estamos creando (criando) ceporros integrales. Y luego nos extrañamos de que el país cada vez vaya a peor.
Seamos cuidadosos, y no sigamos permitiendo este despropósito, porque en nuestras manos está.
Alguien es famoso cuando tiene gente detrás que le da fama. Alguien se cree una voz autorizada cuando tiene miles, cientos de miles de personas que lo respaldan.
No seamos parte del rebaño.
No permitamos esto...
No perdamos del todo el norte.
viernes, 15 de julio de 2016
CIERRA LA PUERTA
Cierra la puerta tras de mí, en cuanto salga, que yo no miraré atrás.
Échale siete cerrojos, que yo me ocuparé de olvidar el camino de vuelta.
Que no te confundan nuestras noches. Ni nuestros días.
Que nada hiera tus alas que solo quieren volar libres, que las mías están rotas.
No te preocupes por aquello que sientas, ni por lo que nunca volverás a sentir, ni por lo que sentiste algún día. No te afanes en agarrar fantasmas que se escapan entre las rendijas que deje mi ausencia. No te arrepientas de los borrones que queden en mi historia, acabada pero siempre inconclusa. No busques en mí lo que jamás pudiste encontrar, hace tiempo que no está.
Yo intentaré olvidar, volver a ser el que patea las farolas noche sí noche también, volver a refugiarme en las sombras, de las que extrañamente salgo. Arrastrarme hasta mi agujero secreto, donde nunca me falta el aire. Ni el agua. Ni la tierra. Ni el fuego en las entrañas.
Volveré a cojear por las calles que tantos traspiés me han visto dar. Y me tiraré, de nuevo, de cabeza por las cunetas, henchido de sueños que jamás han de cumplirse, porque jamás fueron reales. Volveré a cruzar puertas que jamás pensé volver a cruzar.
Y un día terminaré. Como empecé. Como siempre fui.
Tú solo cierra la puerta, que yo me ocuparé de olvidar el camino de vuelta.
Échale siete cerrojos, que yo me ocuparé de olvidar el camino de vuelta.
Que no te confundan nuestras noches. Ni nuestros días.
Que nada hiera tus alas que solo quieren volar libres, que las mías están rotas.
No te preocupes por aquello que sientas, ni por lo que nunca volverás a sentir, ni por lo que sentiste algún día. No te afanes en agarrar fantasmas que se escapan entre las rendijas que deje mi ausencia. No te arrepientas de los borrones que queden en mi historia, acabada pero siempre inconclusa. No busques en mí lo que jamás pudiste encontrar, hace tiempo que no está.
Yo intentaré olvidar, volver a ser el que patea las farolas noche sí noche también, volver a refugiarme en las sombras, de las que extrañamente salgo. Arrastrarme hasta mi agujero secreto, donde nunca me falta el aire. Ni el agua. Ni la tierra. Ni el fuego en las entrañas.
Volveré a cojear por las calles que tantos traspiés me han visto dar. Y me tiraré, de nuevo, de cabeza por las cunetas, henchido de sueños que jamás han de cumplirse, porque jamás fueron reales. Volveré a cruzar puertas que jamás pensé volver a cruzar.
Y un día terminaré. Como empecé. Como siempre fui.
Tú solo cierra la puerta, que yo me ocuparé de olvidar el camino de vuelta.
martes, 5 de julio de 2016
MERCADO NBA (5 DE JULIO 2016)
ATLANTA HAWKS:
ALTAS: Matt Costello (R), Malcolm Delaney (R) y Dwight Howard.
BAJAS: Al Horford, Jeff Teague.
BOSTON CELTICS:
ALTAS: Al Horford.
BAJAS: Evan Turner.
BROOKLYN NETS:
ALTAS: Trevor Booker, Jeremy Lin, Justin Hamilton.
BAJAS: Jarret Jack, Thaddeus Young, Willie Reed.
CHARLOTTE HORNETS:
ALTAS: Marco Bellinelli, Ramon Sessions.
BAJAS: Al Jefferson, Courtney Lee, Jeremy Lin.
CHICAGO BULLS:
ALTAS: José Manuel Calderón, Spencer Dinwiddie, Jerian Grant, Robin López, Rajon Rondo.
BAJAS: Cameron Bairstow, Pau Gasol, Joakim Noah, Derrick Rose, Justin Holiday, E'twaun Moore.
CLEVELAND CAVALIERS:
ALTAS: -
BAJAS: Timofey Mozgov.
DALLAS MAVERICKS:
ALTAS: Harrison Barnes, Andrew Bogut.
BAJAS: Chandler Parsons, Zaza Pachulia.
DENVER NUGGETS:
ALTAS: Josh Adams (R)
BAJAS: D.J. Augustin.
DETROIT PISTONS:
ALTAS: Cameron Bairstow, John Leuer, Ish Smith.
BAJAS: Spencer Dinwiddie, Jodie Meeks, Anthony Tolliver.
GOLDEN STATE WARRIORS:
ALTAS: Kevin Durant, Zaza Pachulia.
BAJAS: Harrison Barnes, Andrew Bogut.
HOUSTON ROCKETS:
ALTAS: Ryan Anderson, Eric Gordon, Gary Payton II (R), Isaiah Taylor (R), Kyle Wiltjer (R).
BAJAS: Dwight Howard.
INDIANA PACERS:
ALTAS: Al Jefferson, Jeff Teague, Thaddeus Young.
BAJAS: George Hill, Solomon Hill, Ian Mahimni.
LOS ANGELES CLIPPERS:
ALTAS: -
BAJAS: Cole Aldrich, Jeff Green.
LOS ANGELES LAKERS:
ALTAS: Timofey Mozgov, Luol Deng.
BAJAS: Kobe Bryant.
MEMPHIS GRIZZLIES:
ALTAS: James Ennis, Chandler Parsons, Tony Wroten.
BAJAS: Matt Barnes.
MIAMI HEAT:
ALTAS: -
BAJAS: Luol Deng, Joe Johnson.
MILWAUKEE BUCKS:
ALTAS: Mirza Teletovic.
BAJAS: Jerryd Baylees, O.J. Mayo.
MINNESOTA TIMBERWOLVES:
ALTAS: Cole Aldrich.
BAJAS: -
NEW ORLEANS PELICANS:
ALTAS: Solomon Hill, E'twaun Moore.
BAJAS: Ryan Anderson, Eric Gordon, Bryce Dejean-Jones, James Ennis.
NEW YORK KNICKS:
ALTAS: Derrick Rose, Joakim Noah, Ron Baker (R), Justin Holiday, Brandon Jennings, Courtney Lee, Marshall Plumlee (R).
BAJAS: Arron Afflalo, José Manuel Calderón, Jerian Grant, Tony Wroten, Robin López.
OKLAHOMA CITY THUNDER:
ALTAS: Ersan Ilyasova, Victor Oladipo.
BAJAS: Serge Ibaka, Kevin Durant.
ORLANDO MAGIC:
ALTAS: Serge Ibaka, D.J. Augustin, Bismarck Biyombo, Jeff Green, Jodie Meeks.
BAJAS: Ersan Ilyasova, Victor Oladipo, Brandon Jennings, Andrew Nicholson.
PHILADELPHIA 76ERS:
ALTAS: Sergio Rodríguez, Jerryd Baylees, Shawn Long (R), Thimote Luwanu (R), Ben Simmons (R), James Webb (R).
BAJAS: Ish Smith.
PHOENIX SUNS:
ALTAS: Jared Dudley.
BAJAS: Jon Leuer, Mirza Teletovic.
PORTLAND TRAIL BLAZERS:
ALTAS: Evan Turner.
BAJAS: -
SACRAMENTO KINGS:
ALTAS: Arron Afflalo, Matt Barnes, Garrett Temple, Anthony Tolliver.
BAJAS: Marco Belinelli, Rajon Rondo.
SAN ANTONIO SPURS:
ALTAS: Pau Gasol, Ryan Arcidiacono (R).
BAJAS: -
TORONTO RAPTORS:
ALTAS: -
BAJAS: Bismarck Biyombo.
UTAH JAZZ:
ALTAS: Quincy Ford (R), Joe Johnson, George Hill.
BAJAS: Trevor Booker, Trey Burke.
WASHINGTON WIZARDS:
ALTAS: Trey Burke, Danuel House (R), Ian Mahimni, Andrew Nicholson, Sheldon McClellan (R), Tomas Satoransky (R), Daniel Ochefu (R), Kaleb Tarczewski (R).
BAJAS: Jared Dudley, Ramon Sessions, Garrett Temple.
ALTAS: Matt Costello (R), Malcolm Delaney (R) y Dwight Howard.
BAJAS: Al Horford, Jeff Teague.
BOSTON CELTICS:
ALTAS: Al Horford.
BAJAS: Evan Turner.
BROOKLYN NETS:
ALTAS: Trevor Booker, Jeremy Lin, Justin Hamilton.
BAJAS: Jarret Jack, Thaddeus Young, Willie Reed.
CHARLOTTE HORNETS:
ALTAS: Marco Bellinelli, Ramon Sessions.
BAJAS: Al Jefferson, Courtney Lee, Jeremy Lin.
CHICAGO BULLS:
ALTAS: José Manuel Calderón, Spencer Dinwiddie, Jerian Grant, Robin López, Rajon Rondo.
BAJAS: Cameron Bairstow, Pau Gasol, Joakim Noah, Derrick Rose, Justin Holiday, E'twaun Moore.
CLEVELAND CAVALIERS:
ALTAS: -
BAJAS: Timofey Mozgov.
DALLAS MAVERICKS:
ALTAS: Harrison Barnes, Andrew Bogut.
BAJAS: Chandler Parsons, Zaza Pachulia.
DENVER NUGGETS:
ALTAS: Josh Adams (R)
BAJAS: D.J. Augustin.
DETROIT PISTONS:
ALTAS: Cameron Bairstow, John Leuer, Ish Smith.
BAJAS: Spencer Dinwiddie, Jodie Meeks, Anthony Tolliver.
GOLDEN STATE WARRIORS:
ALTAS: Kevin Durant, Zaza Pachulia.
BAJAS: Harrison Barnes, Andrew Bogut.
HOUSTON ROCKETS:
ALTAS: Ryan Anderson, Eric Gordon, Gary Payton II (R), Isaiah Taylor (R), Kyle Wiltjer (R).
BAJAS: Dwight Howard.
INDIANA PACERS:
ALTAS: Al Jefferson, Jeff Teague, Thaddeus Young.
BAJAS: George Hill, Solomon Hill, Ian Mahimni.
LOS ANGELES CLIPPERS:
ALTAS: -
BAJAS: Cole Aldrich, Jeff Green.
LOS ANGELES LAKERS:
ALTAS: Timofey Mozgov, Luol Deng.
BAJAS: Kobe Bryant.
MEMPHIS GRIZZLIES:
ALTAS: James Ennis, Chandler Parsons, Tony Wroten.
BAJAS: Matt Barnes.
MIAMI HEAT:
ALTAS: -
BAJAS: Luol Deng, Joe Johnson.
MILWAUKEE BUCKS:
ALTAS: Mirza Teletovic.
BAJAS: Jerryd Baylees, O.J. Mayo.
MINNESOTA TIMBERWOLVES:
ALTAS: Cole Aldrich.
BAJAS: -
NEW ORLEANS PELICANS:
ALTAS: Solomon Hill, E'twaun Moore.
BAJAS: Ryan Anderson, Eric Gordon, Bryce Dejean-Jones, James Ennis.
NEW YORK KNICKS:
ALTAS: Derrick Rose, Joakim Noah, Ron Baker (R), Justin Holiday, Brandon Jennings, Courtney Lee, Marshall Plumlee (R).
BAJAS: Arron Afflalo, José Manuel Calderón, Jerian Grant, Tony Wroten, Robin López.
OKLAHOMA CITY THUNDER:
ALTAS: Ersan Ilyasova, Victor Oladipo.
BAJAS: Serge Ibaka, Kevin Durant.
ORLANDO MAGIC:
ALTAS: Serge Ibaka, D.J. Augustin, Bismarck Biyombo, Jeff Green, Jodie Meeks.
BAJAS: Ersan Ilyasova, Victor Oladipo, Brandon Jennings, Andrew Nicholson.
PHILADELPHIA 76ERS:
ALTAS: Sergio Rodríguez, Jerryd Baylees, Shawn Long (R), Thimote Luwanu (R), Ben Simmons (R), James Webb (R).
BAJAS: Ish Smith.
PHOENIX SUNS:
ALTAS: Jared Dudley.
BAJAS: Jon Leuer, Mirza Teletovic.
PORTLAND TRAIL BLAZERS:
ALTAS: Evan Turner.
BAJAS: -
SACRAMENTO KINGS:
ALTAS: Arron Afflalo, Matt Barnes, Garrett Temple, Anthony Tolliver.
BAJAS: Marco Belinelli, Rajon Rondo.
SAN ANTONIO SPURS:
ALTAS: Pau Gasol, Ryan Arcidiacono (R).
BAJAS: -
TORONTO RAPTORS:
ALTAS: -
BAJAS: Bismarck Biyombo.
UTAH JAZZ:
ALTAS: Quincy Ford (R), Joe Johnson, George Hill.
BAJAS: Trevor Booker, Trey Burke.
WASHINGTON WIZARDS:
ALTAS: Trey Burke, Danuel House (R), Ian Mahimni, Andrew Nicholson, Sheldon McClellan (R), Tomas Satoransky (R), Daniel Ochefu (R), Kaleb Tarczewski (R).
BAJAS: Jared Dudley, Ramon Sessions, Garrett Temple.
sábado, 25 de junio de 2016
BENDITOS BARES
En mi pueblo, que es un pueblo pequeño, ha habido siempre pocos bares de copas, porque la gente se iba de fiesta a los pueblos vecinos, mucho más grandes y con mucho más ambiente, así que la mayoría de la gente de mi pueblo que salía de marcha iba siempre a dos bares en concreto.
Los dos son muy grandes, y estuvieron muy de moda durante los últimos 30 años. Se enriquecieron mucho durante esas tres décadas a base de repetir sus fórmulas, requetesabidas hasta la saciedad.
Uno de ellos, el más grande, no solo ponía continuamente música latina de esa que hace vomitar a tus neuronas, si no que además, servía garrafón y te cobraba mucho más de lo debido por las copas, pero por alguna extraña razón, era el que más tirón tenía.
El otro ponía música de mierda también, no servía garrafón pero aguaba los cubatas, y los cobraba bastante caros también.
Iba por temporadas. Eran los dos bares de moda, y unas veces se llenaba más uno, y otras veces el otro, pero eran prácticamente hegemónicos. Cualquiera que intentara abrir un bar de copas, por más esfuerzo e ilusión que le pusiera, fracasaba estrepitosamente, pues en este país siempre hemos sido muy de seguir las modas, y aquellos dos bares tenían copado todo el mercado nocturno de mi pueblo.
Hace unos años, abrieron un par de bares chiquititos, que poco a poco se hicieron un pequeño hueco en la noche de mi pueblo.
Uno de ellos vio cómo funcionaban los grandes, y se decidió a copiar la fórmula que ellos usaban para triunfar también, y como el dueño tonto no era, copió la del más grande. Empezó a servir garrafón y a pinchar la misma música latina que tanto triunfaba en el mismo local, solo que sonaba distinta porque su equipo de música era mejor y más moderno, así que empezó a atraer a la gente, creyendo que era una alternativa a los dos bares de siempre, porque daba una imagen de muchísima más modernidad, ya que su decoración era nueva, pero si lo mirabas más atentamente, ofrecía exactamente lo mismo que el otro local.
El otro decidió apostar por algo nuevo, algo que realmente necesitaba la gente del pueblo, una alternativa real para los que estaban hartos de escuchar siempre la misma música. Empezó a poner rock, y a servir las copas como Dios manda, sin aguar y sin ser garrafón.
Los demás dueños de bares le tildaron de loco. Le decían que era imposible ganar dinero así, que la gente quería música comercial y que perdería dinero si no amañaba un poco las copas, pero el dueño de este local estaba convencido de que con honradez y calidad podría sacar adelante el local.
Con la crisis la gente se dio cuenta de que no podía seguir pagando las copas al precio que la servían los dos locales históricamente más grandes y empezaron a ir a los dos locales nuevos.
El dueño del primero de los dos locales nuevos, que era ambicioso y avaricioso decidió asociarse con el más pequeño de los dos grandes, y juntaron los locales para, entre los dos, tener el local más grande del pueblo, y así hacerse con la mayor fortuna de los bares de noche de mi pueblo.
El dueño del bar de rock siguió trabajando duró, con honradez y limpieza y poco a poco empezó a notar un crecimiento en su negocio, hasta el punto que compró el local de al lado, un antiguo bar de copas, también de rock, que no pasaba por su mejor momento pero que también había mantenido su misma filosofía durante toda la vida.
Entre los dos empezaron a crecer y a atraer gente, y a llenar cada vez más el local, hasta el punto de que tuvieron que abrir más locales y ampliar el local original varias veces.
Los otros tres dueños de bares empezaron a ver cómo sus negocios mermaban en favor del otrora pequeño local de rock, y empezaron a difundir bulos (que no limpiaban los vasos, que tenían cucarachas en el almacén...) para intentar desprestigiar a los dos socios del local de rock, pues veían sus negocios en peligro.
Moraleja: Trabajar duro y con honradez te lleva lejos, pero desatará el miedo y la envidia en tus competidores.
Por supuesto, no estoy hablando de bares.
Que cada cual saque sus conclusiones.
Los dos son muy grandes, y estuvieron muy de moda durante los últimos 30 años. Se enriquecieron mucho durante esas tres décadas a base de repetir sus fórmulas, requetesabidas hasta la saciedad.
Uno de ellos, el más grande, no solo ponía continuamente música latina de esa que hace vomitar a tus neuronas, si no que además, servía garrafón y te cobraba mucho más de lo debido por las copas, pero por alguna extraña razón, era el que más tirón tenía.
El otro ponía música de mierda también, no servía garrafón pero aguaba los cubatas, y los cobraba bastante caros también.
Iba por temporadas. Eran los dos bares de moda, y unas veces se llenaba más uno, y otras veces el otro, pero eran prácticamente hegemónicos. Cualquiera que intentara abrir un bar de copas, por más esfuerzo e ilusión que le pusiera, fracasaba estrepitosamente, pues en este país siempre hemos sido muy de seguir las modas, y aquellos dos bares tenían copado todo el mercado nocturno de mi pueblo.
Hace unos años, abrieron un par de bares chiquititos, que poco a poco se hicieron un pequeño hueco en la noche de mi pueblo.
Uno de ellos vio cómo funcionaban los grandes, y se decidió a copiar la fórmula que ellos usaban para triunfar también, y como el dueño tonto no era, copió la del más grande. Empezó a servir garrafón y a pinchar la misma música latina que tanto triunfaba en el mismo local, solo que sonaba distinta porque su equipo de música era mejor y más moderno, así que empezó a atraer a la gente, creyendo que era una alternativa a los dos bares de siempre, porque daba una imagen de muchísima más modernidad, ya que su decoración era nueva, pero si lo mirabas más atentamente, ofrecía exactamente lo mismo que el otro local.
El otro decidió apostar por algo nuevo, algo que realmente necesitaba la gente del pueblo, una alternativa real para los que estaban hartos de escuchar siempre la misma música. Empezó a poner rock, y a servir las copas como Dios manda, sin aguar y sin ser garrafón.
Los demás dueños de bares le tildaron de loco. Le decían que era imposible ganar dinero así, que la gente quería música comercial y que perdería dinero si no amañaba un poco las copas, pero el dueño de este local estaba convencido de que con honradez y calidad podría sacar adelante el local.
Con la crisis la gente se dio cuenta de que no podía seguir pagando las copas al precio que la servían los dos locales históricamente más grandes y empezaron a ir a los dos locales nuevos.
El dueño del primero de los dos locales nuevos, que era ambicioso y avaricioso decidió asociarse con el más pequeño de los dos grandes, y juntaron los locales para, entre los dos, tener el local más grande del pueblo, y así hacerse con la mayor fortuna de los bares de noche de mi pueblo.
El dueño del bar de rock siguió trabajando duró, con honradez y limpieza y poco a poco empezó a notar un crecimiento en su negocio, hasta el punto que compró el local de al lado, un antiguo bar de copas, también de rock, que no pasaba por su mejor momento pero que también había mantenido su misma filosofía durante toda la vida.
Entre los dos empezaron a crecer y a atraer gente, y a llenar cada vez más el local, hasta el punto de que tuvieron que abrir más locales y ampliar el local original varias veces.
Los otros tres dueños de bares empezaron a ver cómo sus negocios mermaban en favor del otrora pequeño local de rock, y empezaron a difundir bulos (que no limpiaban los vasos, que tenían cucarachas en el almacén...) para intentar desprestigiar a los dos socios del local de rock, pues veían sus negocios en peligro.
Moraleja: Trabajar duro y con honradez te lleva lejos, pero desatará el miedo y la envidia en tus competidores.
Por supuesto, no estoy hablando de bares.
Que cada cual saque sus conclusiones.
miércoles, 15 de junio de 2016
SOLO ESO
Escoger el camino sin conocer el camino, sin preguntarte qué te ofrecerían los demás, y preguntarte al final: "¿Qué me queda?".
Lo que soy. Lo que siempre fui.
Una canción de Ringo. Un Tour brillante de Poulidor. Una expedición espacial de Collins.
El capitán Scott.
Un sin fin de casis. Un eterno fracaso. Un sentimiento de soledad interna, que nada, ni la más profunda felicidad puede llenar.
El "We are the champions" al revés.
Un puñado de letras que jamás encontrarán lector, ni ojos que se posen en ellas aunque sea de paso.
Un cuadro policromático a ojos de un daltónico.
La esencia del eterno fracaso.
Y ese eterno levantarse, una y otra vez después de cada caída. Ese tosco y lento, pero firme caminar que te conduzca por los insondables senderos de la realidad. Ese tropiezo-suelo-tropiezo como cadencia impasible e irrefrenable como lo único que has conocido a lo largo y ancho de tu vida. El golpetear de un metrónomo que oriente tu posición: "Tac" pie izquierdo "tac" pie derecho "tac" pie izquierdo otra vez, como única forma de seguir en pie.
Y sobre todo, ese no ser feliz aun teniéndolo todo para serlo.
Aun siéndolo.
Y la rabia como forma de vida. Como fuente de vida.
Saber que lo único que queda es apretar los dientes y seguir adelante.
Y no rendirse por no darles el gozo a aquellos que lo disfrutarían.
Solo eso.
Perdón.
Lo que soy. Lo que siempre fui.
Una canción de Ringo. Un Tour brillante de Poulidor. Una expedición espacial de Collins.
El capitán Scott.
Un sin fin de casis. Un eterno fracaso. Un sentimiento de soledad interna, que nada, ni la más profunda felicidad puede llenar.
El "We are the champions" al revés.
Un puñado de letras que jamás encontrarán lector, ni ojos que se posen en ellas aunque sea de paso.
Un cuadro policromático a ojos de un daltónico.
La esencia del eterno fracaso.
Y ese eterno levantarse, una y otra vez después de cada caída. Ese tosco y lento, pero firme caminar que te conduzca por los insondables senderos de la realidad. Ese tropiezo-suelo-tropiezo como cadencia impasible e irrefrenable como lo único que has conocido a lo largo y ancho de tu vida. El golpetear de un metrónomo que oriente tu posición: "Tac" pie izquierdo "tac" pie derecho "tac" pie izquierdo otra vez, como única forma de seguir en pie.
Y sobre todo, ese no ser feliz aun teniéndolo todo para serlo.
Aun siéndolo.
Y la rabia como forma de vida. Como fuente de vida.
Saber que lo único que queda es apretar los dientes y seguir adelante.
Y no rendirse por no darles el gozo a aquellos que lo disfrutarían.
Solo eso.
Perdón.
miércoles, 8 de junio de 2016
CARTA ABIERTA A LOS HATERS DE LA RED
Queridos haters,
no me importa cuál sea vuestra idiosincrasia, pues ya sabemos que tipos de haters hay muchos (los de postureo, porque mola ser malote; los indignados con la vida, porque si no se odia algo, no se siente uno vivo; los ofendiditos, porque cualquier chiste es susceptible de generar un odio hacia quien lo cuenta...), pero, sinceramente, ¿no tenéis nada mejor que hacer?
Hay gente que entramos a la(s) red(es) a desconectar de la vida cotidiana, que bastante llena de problemas y complicaciones está ya de por sí, y lo último que necesitamos es tener a un moscón detrás, recordándonos lo patéticos que somos, el ridículo que hacemos y lo indeseables que somos. ¿No tenéis vida propia para meteros en ella?
Que soy patético y hago el ridículo YA LO SÉ. Precisamente para eso tengo mi cuenta de tuiter. Para hacer el ridículo tanto cuanto me plazca, pues al fin y al cabo, para eso la uso. Para soltar todas las tontadas que me pasan por la cabeza. Para tratar de hacer sonreír a todo aquel/aquella que tenga dos dedos de frente y no se ofenda por cualquier chiste que se meta con su equipo/tierra/ideología/credo/loquesea...
Pero lo que jamás vais a conseguir que sienta es que soy un indeseable. Mucho más indeseable es aquel/aquella que, escondiéndose tras el anonimato de un avatar, de un comentario en un blog o de una cuenta impersonal se dedica a faltar al respeto a cualquiera que no comparta su opinión o su forma de ver las cosas, o simplemente, odiando al creador del chiste/opinión/whatever simplemente porque le han dicho de él barbaridades.
Para odiar a alguien, hay que conocerlo primero. Y, queridos haters, ninguno de los que me tenéis bloqueado sin haber cruzado una palabra jamás conmigo, ninguno de los que rajáis tropelías de mí, ninguno de los que vais acusando de noséqué/quéséyo tenéis la más puta idea de cómo soy, quién soy ni qué me gusta o me disgusta, así que no pretendáis que me ofenda por comentarios de gente que nunca ha pintado ni pintará nada en mi vida.
Que si necesitáis que os limpien vuestro culo escocidito, pedídselo a mamá, que yo no tengo tiempo que perder con prepúberes enfadaditos.
Con cariño,
Aitor Sorginak.
no me importa cuál sea vuestra idiosincrasia, pues ya sabemos que tipos de haters hay muchos (los de postureo, porque mola ser malote; los indignados con la vida, porque si no se odia algo, no se siente uno vivo; los ofendiditos, porque cualquier chiste es susceptible de generar un odio hacia quien lo cuenta...), pero, sinceramente, ¿no tenéis nada mejor que hacer?
Hay gente que entramos a la(s) red(es) a desconectar de la vida cotidiana, que bastante llena de problemas y complicaciones está ya de por sí, y lo último que necesitamos es tener a un moscón detrás, recordándonos lo patéticos que somos, el ridículo que hacemos y lo indeseables que somos. ¿No tenéis vida propia para meteros en ella?
Que soy patético y hago el ridículo YA LO SÉ. Precisamente para eso tengo mi cuenta de tuiter. Para hacer el ridículo tanto cuanto me plazca, pues al fin y al cabo, para eso la uso. Para soltar todas las tontadas que me pasan por la cabeza. Para tratar de hacer sonreír a todo aquel/aquella que tenga dos dedos de frente y no se ofenda por cualquier chiste que se meta con su equipo/tierra/ideología/credo/loquesea...
Pero lo que jamás vais a conseguir que sienta es que soy un indeseable. Mucho más indeseable es aquel/aquella que, escondiéndose tras el anonimato de un avatar, de un comentario en un blog o de una cuenta impersonal se dedica a faltar al respeto a cualquiera que no comparta su opinión o su forma de ver las cosas, o simplemente, odiando al creador del chiste/opinión/whatever simplemente porque le han dicho de él barbaridades.
Para odiar a alguien, hay que conocerlo primero. Y, queridos haters, ninguno de los que me tenéis bloqueado sin haber cruzado una palabra jamás conmigo, ninguno de los que rajáis tropelías de mí, ninguno de los que vais acusando de noséqué/quéséyo tenéis la más puta idea de cómo soy, quién soy ni qué me gusta o me disgusta, así que no pretendáis que me ofenda por comentarios de gente que nunca ha pintado ni pintará nada en mi vida.
Que si necesitáis que os limpien vuestro culo escocidito, pedídselo a mamá, que yo no tengo tiempo que perder con prepúberes enfadaditos.
Con cariño,
Aitor Sorginak.
martes, 24 de mayo de 2016
¿CAMBIO? ¿PARA TABACO?
Viendo las noticias y pensando un poco (sí, a veces lo hago), he llegado a una conclusión.
Mucho se habla de que Podemos quiere romper España, pero creo que España ya está rota, y no ha sido culpa de ellos. España la ha roto el PSOE.
Independientemente de mi ideología política (más rojo que el capullo de un soltero), digo que la formación a la que le sobran dos letras en sus siglas (ya que de socialista y obrero les queda más bien poco) ha sido la culpable de la ruptura del país por su política cobarde, oportunista e interesada, en la que el único objetivo era aferrarse a la poltrona, más que luchar por ese cambio que dicen querer.
Y voy a argumentarlo.
Un partido que pudo apostar verdaderamente por el cambio, en una coalición de izquierdas con Podemos, las mareas, y las formaciones nacionalistas, prefirió dedicarse a coquetear con la extrema y rancia derecha de Ciudadanos (no nos engañemos, tienen de centristas lo que yo de monaguillo), pensando que así podrían llegar a la presidencia. Error.
Ahora, mirando las predicciones de las encuestas, han caído a ser la tercera fuerza política en España, y andaban pactando con la cuarta, con lo cual, lo de llegar a la presidencia se les ha puesto bastante crudo. Dudo que después de visto lo visto, Unidos Podemos quieran saber nada de pactar con ellos (y, por supuesto, mucho menos con Ciudadanos). El PP no llega, y el matrimonio de interés PSOE-C's menos aún, con lo cual, nos vamos a volver a ver en una situación de país ingobernable, más ingobernable aún que tras los resultados de las elecciones de diciembre...
¿Culpable? Para mí, el PSOE, como decía. En su mano estaba haber apostado realmente por un gobierno de cambio y le tiró más el poder.
Hablan de Ciudadanos como partido del cambio, y se equivocan, porque el hecho de que sea una formación nueva, no implica que sea de cambio. Es derecha rancia y absolutista, al más puro estilo PP, el mismo perro con distinto collar.
En fin, que Dios nos coja confesados...
Mucho se habla de que Podemos quiere romper España, pero creo que España ya está rota, y no ha sido culpa de ellos. España la ha roto el PSOE.
Independientemente de mi ideología política (más rojo que el capullo de un soltero), digo que la formación a la que le sobran dos letras en sus siglas (ya que de socialista y obrero les queda más bien poco) ha sido la culpable de la ruptura del país por su política cobarde, oportunista e interesada, en la que el único objetivo era aferrarse a la poltrona, más que luchar por ese cambio que dicen querer.
Y voy a argumentarlo.
Un partido que pudo apostar verdaderamente por el cambio, en una coalición de izquierdas con Podemos, las mareas, y las formaciones nacionalistas, prefirió dedicarse a coquetear con la extrema y rancia derecha de Ciudadanos (no nos engañemos, tienen de centristas lo que yo de monaguillo), pensando que así podrían llegar a la presidencia. Error.
Ahora, mirando las predicciones de las encuestas, han caído a ser la tercera fuerza política en España, y andaban pactando con la cuarta, con lo cual, lo de llegar a la presidencia se les ha puesto bastante crudo. Dudo que después de visto lo visto, Unidos Podemos quieran saber nada de pactar con ellos (y, por supuesto, mucho menos con Ciudadanos). El PP no llega, y el matrimonio de interés PSOE-C's menos aún, con lo cual, nos vamos a volver a ver en una situación de país ingobernable, más ingobernable aún que tras los resultados de las elecciones de diciembre...
¿Culpable? Para mí, el PSOE, como decía. En su mano estaba haber apostado realmente por un gobierno de cambio y le tiró más el poder.
Hablan de Ciudadanos como partido del cambio, y se equivocan, porque el hecho de que sea una formación nueva, no implica que sea de cambio. Es derecha rancia y absolutista, al más puro estilo PP, el mismo perro con distinto collar.
En fin, que Dios nos coja confesados...
jueves, 14 de abril de 2016
#MambaDay
13 de abril de 2.016.
Un día para la leyenda.
Y no, por más que se empeñara el niño travieso de la NBA, Stephen Curry (46 puntos con 10 triples, dejando una histórica marca de 402 triples en una temporada, y la victoria número 73, echando por tierra el mítico 72-10 de los Bulls de Jordan), en que esa fuera su noche para la historia , la historia de esa noche, ya estaba escrita.
Kobe lo sabía. Los Lakers lo sabían. La NBA lo sabía. ¡Qué demonios! El mundo entero lo sabía.
Y allí apareció Kobe, en su última noche vestido de oro en el Staples Center, dispuesto a jugar con el corazón, y, ¡vaya si lo hizo!
Jugó los 42 minutos de partido (nada mal para un jugador con 38 años y 20 temporadas a sus espaldas. Anotó 60 puntos, sí, SESENTA, no es una errata, capturó 4 rebotes y repartió 4 asistencias. Y, el mundo, una vez más, se rindió a los pies del mejor jugador de todos los tiempos.
La gente se preguntaba continuamente si un jugador con esos números iba a retirarse, pero sí. Se retira. Como los grandes, en lo más alto. Para que acabe el mito y comience la leyenda. Para que todos podamos decir #YoViJugarAKobe.
Para demostrar, una vez más, que lo humano y lo deportivo no tienen secretos para él.
El baloncesto, créanme, es lo de menos...
Un día para la leyenda.
Y no, por más que se empeñara el niño travieso de la NBA, Stephen Curry (46 puntos con 10 triples, dejando una histórica marca de 402 triples en una temporada, y la victoria número 73, echando por tierra el mítico 72-10 de los Bulls de Jordan), en que esa fuera su noche para la historia , la historia de esa noche, ya estaba escrita.
Kobe lo sabía. Los Lakers lo sabían. La NBA lo sabía. ¡Qué demonios! El mundo entero lo sabía.
Y allí apareció Kobe, en su última noche vestido de oro en el Staples Center, dispuesto a jugar con el corazón, y, ¡vaya si lo hizo!
Jugó los 42 minutos de partido (nada mal para un jugador con 38 años y 20 temporadas a sus espaldas. Anotó 60 puntos, sí, SESENTA, no es una errata, capturó 4 rebotes y repartió 4 asistencias. Y, el mundo, una vez más, se rindió a los pies del mejor jugador de todos los tiempos.
La gente se preguntaba continuamente si un jugador con esos números iba a retirarse, pero sí. Se retira. Como los grandes, en lo más alto. Para que acabe el mito y comience la leyenda. Para que todos podamos decir #YoViJugarAKobe.
Para demostrar, una vez más, que lo humano y lo deportivo no tienen secretos para él.
El baloncesto, créanme, es lo de menos...
lunes, 4 de abril de 2016
TWITTER (Y LA MADRE QUE LO PARIÓ)
Twitter, amigos.
TWITTER.
Ahí es nada.
Quiero dedicar esta primera entrada a la red social de donde surgió el impulso necesario para dar nacimiento a este blog. Una red social denostada por muchos, pero que, guste o no, es la madre de (casi) todos los contenidos que a día de hoy circulan por internet y por los medios de comunicación en general.
"Yo es que no sé usarlo", "es que es un rollo" y excusas de ese tipo son las que utiliza la gente que (a pesar de fusilar continuamente creaciones de la red del pajarito azul vía facebook o whatsapp) no se ha molestado en conocerlo en profundidad. Y es que Twitter, señores, es, a día de hoy, imprescindible para entender la sociedad tal y como la conocemos.
La mayoría de chistes, fotomontajes e incluso noticias que circulan por nuestro entorno, tienen su origen en Twitter. ¿A qué usuario más o menos asiduo de Twitter no le ha llegado por whatsapp, o ha visto compartido en su muro de facebook, un contenido (chiste, imagen...) creado por algún tuitero que conoce, o incluso alguno propio?
Y, para entender Twitter, sin duda, es necesario entender a los tuiteros.
Un tuitero (para bien o para mal) no es una persona corriente.
Un tuitero (para poder llamarse TUITERO) es alguien creativo, ingenioso, reivindicativo, inquieto, activo, despierto, o todas ellas. Es alguien, que solo con el poder de su imaginación, de su inventiva, es capaz de arrancar una sonrisa, una reflexión o un gesto de admiración de cualquier persona. Un tuitero posee la capacidad de sorprender, de hacer pensar a los demás.
Un tuitero es un artista, y aún diré más, es un artista desinteresado, ya que es capaz de pasar horas puliendo un chiste, una idea, una reflexión, solo para que otros puedan disfrutarla de manera gratuita. Y todo el agradecimiento que obtiene es un puñado de retuits y/o de likes (sic.).
Y los tuiteros, en definitiva son (somos) los que hacen (hacemos) Twitter.
Ese medio de expresión que los facebookeros denostáis pero sin el que no podríais disfrutar de la mayoría de cosas que compartís en vuestros muros.
Y luego está el componente social.
Pero ese, amigos, es otro cantar.
Quedáos vuestro facebook y dejadme a mí con Twitter.
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